En este contexto, periodistas de América Latina participan del programa de Diálogos Climáticos de la Unión Europea. La conversación gira en torno a un concepto que se repite en cada intervención: la dependencia energética representa una vulnerabilidad estratégica, una lección que Europa ha aprendido por experiencia.
“Nunca es bueno depender de una sola fuente de suministro. La Unión Europea lo tuvo que aprender de mala manera hace cuatro años”, señaló el director general para la Energía de la Comisión Europea. Esta afirmación aludía a que en 2021, el 45% del gas y el 26% del petróleo que consumía el bloque eran de origen ruso. Con el inicio de la invasión a Ucrania, esa dependencia desembocó en una crisis de precios sin precedentes: el costo del gas se multiplicó casi por diez, elevándose de 32 euros a 316 euros por MWh en 2022.
Actualmente, en medio del conflicto en Medio Oriente, el precio se sitúa alrededor de 51 euros, un 60% más que antes del 28 de febrero, al comienzo del conflicto, pero aún alejado del pico histórico. Esta diferencia es resultado de los esfuerzos de la Unión Europea.
La diversificación energética en la UE es un hecho consumado. Las importaciones de gas ruso se han reducido al 12% y las de petróleo al 2,2%. Lo que Rusia dejó vacante ha sido ocupado principalmente por Estados Unidos, cuya participación en gas ha aumentado del 6% al 26% y en petróleo del 8,4% al 14,5%.
América Latina también ha ganado protagonismo en el suministro de petróleo: Brasil constituye actualmente el 3,5% de las importaciones de la UE, Guyana el 3,8% y México el 2,2%, países que en 2021 prácticamente no figuraban como proveedores. Por el momento, Argentina no aparece en este panorama, pero su situación podría cambiar para 2027.
Otro aspecto que ha contribuido a la resiliencia europea es la reducción del consumo de combustibles fósiles: estos representaban el 73% de la matriz energética en 2010 y se prevé que disminuyan al 66% en 2024; además, el bloque ha reducido su consumo de gas en un 18% desde 2021, pasando de 408.000 millones de metros cúbicos a 337.000 millones en 2025. Para poner esto en perspectiva, Argentina consume unos 40.000 millones de metros cúbicos anualmente. La UE no produce hidrocarburos propios —importa el 100% de lo que utiliza— lo que la hace vulnerable a cualquier alteración geopolítica.
A pesar de las dos crisis energéticas consecutivas que han incrementado los costos de suministro, la Comisión Europea sigue comprometida con sus objetivos climáticos. En Bruselas, se defienden con firmeza: no solo hay que acelerar la transición debido a las crisis, sino que es crucial hacerlo. La meta es ambiciosa: lograr la neutralidad de emisiones para 2050. Para 2040, se espera que las energías renovables representen entre el 50 y el 60% de la matriz actual, mientras que los fósiles deberán reducirse del 70% actual a entre el 27% y el 37%.
No obstante, persisten interrogantes. La UE se había planteado dejar de adquirir gas a Rusia para 2027, cuando expira el último contrato de tránsito vigente, y en los instantes más privados de la Comisión, pocos aseguran que se cumpla este cronograma en su totalidad. También es relevante el crecimiento de la inteligencia artificial, cuyos centros de datos han incrementado el consumo eléctrico en Estados Unidos y Japón, y podrían amenazar con hacer lo mismo en Europa. Los objetivos están claros; sin embargo, la implementación es otra cuestión.
En ese marco, América Latina asume un papel más relevante. “Con líderes tan impredecibles, buscamos socios fiables y estabilidad. Nunca antes la relación con los países de América Latina había sido tan estrecha”, indicó el director general. En este contexto, Argentina se presenta como una opción concreta.
El país ya se configura como exportador neto de petróleo: produce 890.000 barriles diarios y exporta aproximadamente el 40% de esta cantidad, lo que equivale a unos 320.000 barriles por día. La infraestructura avanza con el oleoducto de 437 kilómetros que conectará Vaca Muerta con Punta Colorada, en Río Negro, permitiendo la llegada de buques VLCC (Very Large Crude Carrier) con capacidades de transporte de hasta 2 millones de barriles, lo que ayudará a reducir los costos logísticos. La industria aspira a incrementar las exportaciones a un millón de barriles diarios para 2028.
Sin embargo, el sector que más interesan a Europa es el del gas natural licuado (GNL). No es extraño que el primer contrato de venta que se firmó fuera con una empresa estatal alemana, que adquirió el 80% de la capacidad del primer buque de licuefacción que será traído al país, perteneciente a un consorcio compuesto por diferentes empresas. Este acuerdo incluye el suministro de 2 millones de toneladas anuales durante ocho años a partir de 2027.
Un segundo proyecto tiene un enfoque más ambicioso. YPF, junto con una empresa italiana, está desarrollando un plan que contempla la construcción de hasta tres unidades flotantes de licuefacción. Esta última sería la principal compradora, como el CEO de la compañía comentó en su visita a Argentina el año pasado, resaltando la necesidad de diversificar las fuentes de abastecimiento tras lo sucedido con Rusia.
Hoy en día, Noruega lidera el suministro de gas a la UE con un 31%, seguida por Estados Unidos con un 26%. El norte de África aporta un 13%, mientras que Azerbaiyán, Qatar y Gran Bretaña contribuyen con cerca del 4% cada uno.
El acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea —uno de los más significativos a nivel mundial— también abre nuevas dimensiones que van más allá del ámbito energético: Argentina tiene la capacidad de proveer alimentos y manufacturas generadas con energías renovables, lo que fortalecería su rol como aliado en la agenda de descarbonización de Europa.
Esto se complementa con la posibilidad de convertirse en proveedor de minerales críticos. A lo largo de 2023, la Comisión Europea finalizó una colaboración con Argentina en torno a cadenas de valor sostenibles de materias primas, especialmente cobre y litio, dos insumos fundamentales para la fabricación de baterías y paneles solares. Actualmente, una empresa francesa ya produce litio en Salta, comercializando hacia el continente. En este nuevo escenario, Argentina ha encontrado, por primera vez en años, una oportunidad concreta.









