Este esquema, establecido por el Decreto 407/2026, introduce un cambio conceptual destinado a esclarecer el costo real de un empleado para la empresa. Además del salario bruto, las deducciones y el sueldo neto, el recibo debe incluir el costo laboral total que asume el empleador, desglosando aportes sindicales, seguridad social, obra social, Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (PAMI), aseguradoras de riesgos del trabajo, cámaras empresarias y otros conceptos asociados a la relación laboral.
Una de las características más destacadas es la inclusión de un gráfico circular que presentará visualmente la distribución de ese costo total, diferenciando la parte correspondiente al salario del trabajador y el porcentaje destinado a cargas laborales. Sin embargo, este ha sido uno de los aspectos más conflictivos al implementar el nuevo recibo, lo que llevó a que muchas empresas hicieran llegar el recibo de sueldo de junio sin modificaciones.
Desde la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires, se realizó un estudio donde se constató que el 35% de las mipymes consultadas desconocían la existencia de este nuevo decreto. La entidad hizo hincapié ante sus asociados señalando que esta situación representa un nuevo “desafío administrativo”, dado que exigirá la adaptación de los sistemas de liquidación de haberes y la actualización de procesos internos en Recursos Humanos y estudios contables.
“El impacto de la reforma se siente especialmente en quienes manejan múltiples nóminas simultáneamente. Si se presenta una duda sobre la configuración o la interpretación normativa, el problema puede iterarse en varias empresas y cientos de empleados. Un recibo que omita el gráfico o no agrupe los conceptos según los rubros exigidos estará fuera de norma”, comentó Catalina Barber Clas, Product Owner del módulo de Sueldos de una plataforma de gestión utilizada por empresas y estudios contables.
No se trató de la única inquietud en torno al nuevo recibo. Una de las preguntas más recurrentes estuvo relacionada con la ausencia del duplicado de la firma del trabajador, dado que el nuevo formato genera únicamente un ejemplar para el empleador. En ciertos sectores como la minería, la construcción y los servicios, las auditorías aún requieren la firma del empleado como constancia.
Otra de las consultas se vinculó con la correcta visualización de conceptos relacionados con la seguridad social, la Ley de Riesgo de Trabajo y fondos convencionales, generando dudas respecto a cuál es la base imponible que utiliza el sistema y cómo se relacionan las alícuotas de la ART de cada empresa. “Es una inquietud técnica que requiere ajustes personalizados según la realidad de cada empleador”, añadió Barber Clas.
“Las dudas con el nuevo recibo son muchas y todavía hay softwares que no implementaron los cambios. Aunque no hay aclaraciones sobre sanciones, creo que no se aplicarán, al menos por un tiempo. La dificultad principal radica en adaptar los sistemas al nuevo formato e información requerida”, expresó el contador Marcos Felice. Al consultar sobre posibles sanciones, no se obtuvo respuesta de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero.
Pese a los avances tecnológicos y los nuevos métodos de registro, la estructura del recibo de sueldo ha permanecido casi inalterada desde la promulgación de la Ley de Contrato de Trabajo en 1974. Al presentar esta medida, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, afirmó que el objetivo era desvelar costos que hasta ahora no eran visibles para los empleados.
“Muchas veces hablamos de transparencia como si se tratara solo de publicar información. Pero la verdadera transparencia ocurre cuando las personas comprenden dicha información. Aquí es donde las empresas juegan un papel fundamental al explicar qué significan estos conceptos y cómo se integra una relación laboral”, subrayó Martín Bayugar, cofundador de un software de gestión de recursos humanos.









