La profesora argumentó que las predicciones a menudo se presentan como conocimiento, aunque no lo sean verdaderamente. En muchas ocasiones, estas predicciones representan una forma de poder encubierta bajo el tráfico de un diagnóstico. Véliz planteó la inquietante pregunta de qué implica para el mundo la existencia de tales predicciones, enfatizando que no son reflejos neutros de la realidad, sino intervenciones en ella. Por ejemplo, si un algoritmo determina que un candidato tiene escasas probabilidades de éxito, esta suposición puede convertirse en un veredicto incuestionable. Asimismo, si un sistema crediticio anticipa que una persona no podrá cumplir con un préstamo, esta situación puede resultar en que la persona no reciba el crédito, materializándose así la predicción. La filósofa sostiene que “los algoritmos emiten veredictos sobre quiénes somos antes de que hayamos tenido la oportunidad de demostrarlo nosotros mismos”.
No obstante, Véliz no se limitó a realizar un diagnóstico. También propuso tres estrategias para aquellos que buscan recuperar su agencia en la era de la predicción automatizada. En primer lugar, sugirió anclar la mente en el presente. En lugar de dejarnos llevar por posibles futuros, es crucial desarrollar un juicio crítico sobre la realidad actual. La intuición entrenada, la capacidad de interpretar el contexto y las dinámicas sociales son habilidades irremplazables por cualquier modelo dado que requieren atención plena.
En segundo lugar, Véliz aboga por prepararse en lugar de predecir. La predicción implica la búsqueda del futuro “correcto”, mientras que prepararse conlleva decidir qué futuro deseamos y esforzarnos en crearlo, “no en términos de conocimiento, sino de creatividad”. En este sentido, el planeamiento por escenarios debe transformarse de un mero ejercicio pronóstico a uno de diseño.
Finalmente, el tercer movimiento que propone es fomentar la serendipia de manera deliberada. A medida que cedemos más poder a los algoritmos sobre lo que vemos, con quién interactuamos y qué consumimos, nuestro mundo se torna cada vez más limitado. Véliz resalta que la curiosidad desordenada, los encuentros inesperados y las conversaciones con desconocidos, aspectos que la eficiencia de la IA tiende a eliminar, son fuentes de ideas innovadoras. Su visión sugiere que la ventaja competitiva del futuro no residirá en disponer del mejor oráculo, sino en conservar la capacidad de maravillarse. En un mundo que promete predecirlo todo, cultivar la incertidumbre puede ser la estrategia más inteligente que nos queda.









