Aunque el documento no se centra únicamente en la Argentina, sitúa al país entre los actores clave de América Latina para el suministro global de alimentos.
En este contexto, se reafirma que la región seguirá siendo la principal exportadora neta de productos agrícolas, con Brasil, Argentina y Paraguay como protagonistas fundamentales.
En lo que respecta a los cereales, uno de los sectores más relevantes, se estima que Argentina mantendrá su influencia en el comercio internacional de maíz y trigo.
Particularmente, se posicionará entre los principales exportadores de maíz hacia 2035, en un mercado que seguirá siendo liderado por Estados Unidos y Brasil.
La soja y sus derivados también tienen un rol clave. El informe indica que el crecimiento agrícola en América Latina estará vinculado a esquemas de cultivo doble, como la combinación de soja con trigo en Argentina y soja con maíz en Brasil.
Asimismo, el país seguirá ocupando una posición central en la exportación de harinas proteicas, un elemento crucial para la alimentación animal y la cadena global de carnes.
El estudio también menciona a Argentina como un exportador significativo de leche en polvo entera, aunque con una participación más restringida en comparación con los granos y subproductos oleaginosos.
Por otro lado, en el ámbito de los biocombustibles, la situación es más cautelosa. La producción de biodiésel se espera que se estabilice debido a las limitadas oportunidades de exportación adicionales, mientras que el etanol incrementaría su producción en función de la demanda interna de combustibles.
La principal advertencia del informe señala que la próxima década no estará caracterizada por un aumento significativo de los precios agrícolas internacionales. De hecho, se prevén precios reales estables o ligeramente por debajo de los niveles actuales, en función de las mejoras en la productividad y la eficiencia global.
En este contexto, la posibilidad de que Argentina aproveche estas oportunidades no dependerá exclusivamente de factores externos favorables, sino de su capacidad para aumentar su competitividad.
Elementos como infraestructura, logística, estabilidad regulatoria, tecnología, valor agregado y acceso a mercados se presentan como determinantes para capitalizar la creciente demanda mundial de alimentos.
El informe también advierte sobre riesgos significativos para el comercio agroalimentario global, entre los que se encuentran la volatilidad climática, los costos de energía y fertilizantes, las tensiones geopolíticas y potenciales cambios en las normativas comerciales.
En resumen, la proyección de la OCDE-FAO indica que Argentina mantiene ventajas considerables como proveedor global de granos, harinas proteicas y alimentos; sin embargo, deberá competir en un entorno de mercado más riguroso, con precios reales relativamente estables y una creciente exigencia de eficiencia, trazabilidad y valor agregado.









