“Permite -expresan desde el documento- no sólo focalizar el estado de situación del año bajo análisis, sino que también otorga la posibilidad de conocer tendencias y reiteraciones para el mejor diseño de políticas propositivas de acción y de prevención. Los casos se cuantifican y se analizan cualitativamente en el intento por conocer en todas sus dimensiones las características que toma en nuestro país el prejuicio antijudío. De esta manera, la DAIA cumple con la misión emanada de sus representados de luchar contra el odio antisemita, informando sobre el estado de situación no sólo a la comunidad judía local sino a todo el país.”
En 2025, se registraron 713 incidentes de antisemitismo, lo que refleja un aumento moderado del 3,78% respecto a los 687 casos reportados en 2024. Esta cifra señala que la hostilidad y la discriminación hacia el pueblo judío sigue siendo una realidad evidente, con un promedio de dos casos por día. Desde la DAIA, sostienen que esta situación obliga a mantener encendidas las alarmas: “El fenómeno continúa en niveles muy elevados. La estabilidad del número no debe confundirse con la solución del problema”, analizan.
No obstante, ofrecen una interpretación más optimista de los datos, indicando que “en un contexto internacional extremadamente complejo, haber frenado la curva ascendente es una noticia significativa. Probablemente esto refleje una sociedad que comprende cada vez más que la discriminación no es una opción y que en la Argentina tampoco es gratuita. La disminución de algunos focos de tensión internacional relacionados con Medio Oriente podría influir también en esta tendencia”.
La mitad de los casos denunciados se produjeron a través de plataformas digitales, donde el odio antisemita encuentra su mayor manifestación. Sin embargo, el estudio señala que “a diferencia de etapas anteriores, donde este tipo de discursos aparecía mayormente asociado a organizaciones extremistas claramente identificables o publicaciones marginales, hoy existe un ecosistema digital amplio y heterogéneo donde florecen perfiles dedicados casi exclusivamente a producir y difundir contenido antisemita. Es a partir de estos perfiles que un contenido absolutamente violento y lleno de odio llega a personas que buscan interacción en las redes por el deseo genuino de compartir sus opiniones con los demás”.
Se identifican cuentas en X, Telegram, TikTok, Instagram, YouTube y foros digitales como canales de difusión. “Algunas funcionan alrededor de figuras visibles que construyen liderazgo político o mediático; otras permanecen completamente anónimas y difunden mensajes conspirativos, negacionistas o discriminatorios desde identidades difíciles de rastrear”, indica el informe. En Instagram y en X se detectan los niveles más altos de agresión, mientras que en TikTok los índices son más bajos. “Esto demuestra -aseguran- que las políticas de moderación y tolerancia cero sí generan resultados concretos. La cooperación entre organizaciones de la comunidad judía, la DAIA y algunas empresas tecnológicas es una experiencia que debe profundizarse”.
Entre las conclusiones, se observa que a diferencia de otros países, en Argentina gran parte de este odio se manifiesta en el ámbito virtual, con una baja traducción a la violencia física, aunque esta última no es nula: “Durante el último año se denunciaron 48 agresiones antisemitas en la vía pública y espacios comunes, lo que equivale a casi cuatro por mes, prácticamente una por semana”, informan.
Otro de los puntos destacados del informe se centra en el ámbito educativo, donde se registró más de un incidente mensual en escuelas o espacios vinculados a la educación. “La formación en valores democráticos, convivencia y respeto por la diversidad sigue siendo una herramienta central para prevenir la discriminación”, analizan. Asimismo, el conflicto en Medio Oriente se menciona como un catalizador de denuncias de actos discriminatorios, ya que cada vez que este tema ocupa un lugar central en la agenda global, aumentan las expresiones antisemitas en el país: la discusión sobre Israel suele transformarse, de manera injusta, en discriminación hacia los judíos argentinos.
“Los datos de este informe nos muestran los desafíos que aún enfrentamos. Pero también nos recuerdan algo fundamental: hoy la Argentina sigue siendo uno de los pocos países de la diáspora donde una familia judía puede nacer, educarse, rezar, celebrar, debatir, construir comunidad y expresar su identidad plenamente. Preservar esa realidad es mucho más que una tarea comunitaria; es un compromiso con la libertad, la diversidad y la democracia de toda la Nación. Porque una vida judía plena no es una casualidad. Es el resultado de instituciones fuertes, de una comunidad comprometida, de una sociedad que valora la convivencia y de la decisión colectiva de enfrentar el odio con educación, verdad y respeto”, afirmó el presidente de la DAIA.









