Marcelo Gabriel Sánchez, conocido como “Tetón” desde su infancia, es alguien que ha forjado su carácter a través de experiencias complejas. Su apodo “Rateka” no es arbitrario; corresponde a las iniciales de los miembros fundadores de una crew urbana que él creó en Hurlingham, la cual ha evolucionado en un grupo de trap, una productora audiovisual, una línea de ropa y una forma particular de ver la vida.
El joven se caracteriza por ser zurdo, con una sonrisa que muestra un diente plateado, y es un gran conversador. RBD Radio lo comparó con Sergio Víctor Palma, el campeón mundial de supergallo en 1980 que también escribía poesía y cantaba. Aunque la comparación tiene sentido, Sánchez pertenece a otra época, a otra estética, una que es más cruda, más del conurbano y más representativa de la Argentina actual.
Nacido y criado en Hurlingham, nunca se ha alejado del lugar. Incluso cuando peleó en la Patagonia o se presentó en el Movistar Arena, siempre ha mantenido fuertes lazos con su hogar. Su práctica del boxeo comenzó después de una carrera en el fútbol; jugó en Ituzaingó y tuvo una prueba en Vélez Sarsfield, pero la atracción por los guantes fue más fuerte que la del balón. Un día, decidió presentarse solo en el Gimnasio 77 de Morón para solicitar una oportunidad de subir al ring.
“En mi primera pelea, abordé al encargado y le pedí pelear con un profesional”, relató. “Me golpeó fuertemente en el primer y segundo round, pero en el tercero, tuve suerte y logré conectar un golpe, lo que resultó en un corte. Así que técnicamente, gané.” Sin tener peleas amateurs, a los 24 años se lanzó como profesional, un camino que él mismo reconoce como arriesgado y excepcional. “Si no hubiera sido como soy o si no hubiera tenido la determinación que tuve, podría haber perdido por nocaut”, reflexionó. “Tuve la suerte de no recibir un golpe devastador y de aprender en el proceso.”
Sin embargo, el ring no fue su primer contacto con la violencia. Lejos de ser un debut, siempre le ha gustado pelear. “He peleado por dinero en la calle y también lo hice gratis”, confesó sin dramatismo. Su madre, Sara, atribuye esa inclinación a un “exceso de energía”. Él no se opone a esa visión.
Su entorno familiar fue marcado por las drogas y el alcohol. A pesar de ello, Sánchez nunca se dejó llevar por ese mundo, pero ha trabajado activamente para ayudar a otros a alejarse de esos hábitos. En una entrevista radial en abril de 2025, compartió su deseo de haber acompañado a personas de su círculo a salir de la adicción. “Siento que estoy aquí para ayudar”, comentó.
Esta convicción está codificada en las reglas de su crew. Para ser parte de “Rateka”, hay condiciones claras: “No se puede drogar ni consumir alcohol, debe gustarle el deporte y tiene que recibir un golpe en un ritual de iniciación que dura 13 segundos”. Lo dice con una sonrisa plateada, pero habla en serio.
En el boxeo, el rincón es un lugar sagrado. Es donde se escucha la verdad entre los rounds, donde te curan y te preparan nuevamente para el combate. En el caso de Sánchez, su rincón es completamente femenino. Su madre, Sara —profesora de educación física, nutricionista, entrenadora de boxeo femenino y mánager— aprendió el oficio desde cero para apoyar a su hijo. Su hermana Natasha, quien también boxea, completa este equipo único.
“Yo empecé a boxear a los 25 años. Al principio, estuve con personas que no eran buenas. No me cuidaban, buscaban que perdiera. Mi mamá llegó a decirme: ‘Maxi, por este camino no lograrás tus objetivos. ¿Qué querés hacer?’, a lo que yo respondí: ‘Quiero ganar’. ‘Entonces déjame que me involucre’, me dijo. “Mi madre comenzó a estudiar en la Federación Argentina de Boxeo junto con mi hermana. Yo tomé un año de descanso, la esperé y mientras tanto entrenaba a fondo. Desde que empezamos, comenzamos a ganar, a obtener títulos latino y plata, y ahora el título argentino. Al final, dejé más de lado la música porque realmente me gustó boxear. Me di cuenta de que es un arte.”
“Antes de todo esto, no sabía nada de boxeo”, admitió Sara. “Me involucré para entender mejor el ambiente y poder acompañar a mi hijo”, confesó. Desde el inicio, fue evidente que no provenía del mundo del boxeo. Cuando Marcelo decidía pelear, ella buscaba técnicos dispuestos, pero nadie quería asumir esa responsabilidad; le advirtieron que era un boxeador grande, sin carrera amateur, y que “podía ser peligroso para él”. Frustrada por la falta de apoyo, le planteó a su hijo: “¿Qué querés hacer?”, a lo que él respondió: “Quiero ser campeón del mundo”. Entonces ella, decidida, dijo: “Así no será posible. Vamos a hacerlo bien, yo me preparo y te preparo.”
Sara se dedicó a estudiar, y aunque la federación no recibía mujeres, consiguió inscribirse después de argumentar que si los técnicos hubieran estado capacitados, no habría necesidad de su intervención. Tras mucho esfuerzo, logró completar su formación, abriendo la puerta a otras mujeres en el boxeo. “Al aparecer yo, abrí la puerta a un montón de mujeres”, dice orgullosa.
Desde el primer día, el boxeo le cerró puertas. Ni siquiera la dejaban ingresar en los pesajes. En uno de ellos, frente a importantes promotores del ambiente, escuchó a alguien decir: “¿Qué sabe esta estúpida? Vámonos”. Su respuesta fue inmediata: “Bueno, esta estúpida no te da la pelea.” No se dejó amedrentar, y defendió con firmeza que el adversario de su hijo no iba a pelear con un peso indebido. No fue el único momento en que se vio en la necesidad de plantarse.
En otro combate, el rival de su hijo luchó con una costilla rota, consecuencia de un golpe que Marce le había dado en el tercer round. Su entrenador obligó a su boxeador a continuar la pelea por no perder ante un rincón femenino. En este entorno machista, incluso le dijeron que un boxeador no debía pensar. Ella, en respuesta, planteó que iba a formar un boxeador inteligente. “Se rieron de mí”, recordó. Hoy, es la primera mujer que ha llevado al mismo boxeador a tres títulos diferentes.
Sara continuó desafiando esas adversidades y su esfuerzo ha dejado huella en el boxeo: hoy, la federación que en su momento le cerró las puertas, la recibe de manera diferente. El mundo del boxeo ha cambiado desde que ella comenzó, y su historia ha sido fundamental en esa transformación.
Lo que vino después fue excepcional. Sara se encarga de la dieta, está presente en cada pesaje, negocia las peleas y alienta desde el rincón. En una ocasión, ella y Natasha hicieron un reclamo tan ferviente por un cabezazo que el árbitro tuvo que expulsarlas a ambas del lugar.
Sánchez habla con admiración y humor filial sobre su madre. “Me entrena mi mamá, que es nutricionista, y además me dirige en el rincón, así que tengo que comportarme. Es muy exigente; tengo que hacer las cosas bien”. Pero cuando se le pregunta qué significa tener a ambas en su rincón, su respuesta va más allá de la disciplina del boxeo. “Trabajar con ellas, con mi hermana y mi madre, es algo único y hermoso”, afirmó. “Creo que la mujer marca una gran diferencia en el boxeo, aunque muchos hombres piensen lo contrario. La mujer es más detallista. Y esos detalles en la vida siempre marcan la diferencia.”
Sánchez no duda en reivindicar ese hecho. “Esto es único en el mundo, no solo en Argentina. Agradecido con mi madre, que siempre está conmigo, que me preparó completamente para mi última pelea junto a mi hermana, y también a mi señora, que es mi preparadora física. Todo en mi esquina es femenino. Creo que esto merece un récord Guinness, aunque nadie lo sepa todavía”, bromea.
“Te hablo aquí y Sara se emociona, imaginate”, compartió entre risas. “Le digo Sara, porque trato de no llamarla mamá para ser más profesional. Pero son dos mujeres muy capacitadas, están atentas a cada detalle. He estado con otros entrenadores y no son así”. Sin embargo, esa ternura también tiene un lado severo: “Cuando estamos en el ring, la esquina femenina se torna más agresiva”.
Para Rateka, trabajar junto a su madre y su hermana trasciende el boxeo. “Gracias al boxeo, comparto un trabajo diario con mi mamá y mi hermana. Tengo la oportunidad de verlas todos los días, porque generalmente uno crece y se aleja”, reflexionó. “Estoy con ellas, cerca de mi familia.” Además, su rutina es inusual: se despierta al mediodía, corre a las dos de la tarde y entrena más que nadie, pero a su manera. “Estoy con ellas, cerca de mi familia. Voy a dejar a mi hijo en el colegio, lo llevo a fútbol, busco a mi hija del gimnasio artístico. Puedo organizar mi tiempo porque tengo el gimnasio en casa. Hay muchos errores y creencias equivocadas en el boxeo que han complicado el ambiente. No es tan difícil como parece.”
Con Sara también ha aprendido a escuchar. “Ella me ha demostrado que siempre tiene razón. Esto en la vida se refleja en muchas situaciones que hemos vivido. Cuando era más joven a veces me enojaba, pero hoy la escucho.” Esta afirmación, proveniente del único boxeador del mundo con un rincón totalmente femenino, significa mucho más que un simple reconocimiento familiar.
“Ratekas” nació en 2016, fundado por Marcelo y su hermana Natasha, conocida como “Tashi”. Desde entonces, no han parado.
Él produce los beats con su pequeño teclado, graba el audio, edita los videos, canta y escribe las letras. Natasha ha ido mejorando constantemente en sus habilidades de canto y composición, según lo que él mismo afirma. La productora creada por ellos se llama Estudio 13, y ya tiene videoclips para artistas como Altos Cumbieros, Néstor en Bloque, Zaramay y Callejero Fino, entre otros.
Los escenarios donde han actuado son importantes: Palermo Groove, Usina del Arte y el Movistar Arena. Han compartido cartel con nombres como Mala Fama, Neo Pistea, Mala Junta y Duki. Las letras que componen reflejan el barrio, la lealtad y el boxeo como modo de vida. En el tema “Reales” entonan: “Hay que perder para pensar. Y hay que golpear para sanar.” En “Tu recuerdo”, la letra se vuelve más directa: “La vida me hizo fuerte como un tigre indestructible”. No se trata de metáforas; es un fragmento de su autobiografía.
La agenda que describen es la de alguien que no teme al cansancio. “Empiezo a entrenar a las once, hasta las ocho. Después trabajo hasta las diez u once de la noche editando, luego me dedico a escribir letras y a hacer música hasta las cuatro de la mañana. Esa es mi rutina”, aclara. Rateka reconoce, sin ningún tipo de culpa: “Me acuesto a las cuatro de la mañana. Trabajo de doce a cuatro de la mañana, haciendo música, mi música, además de producciones para muchos otros. Actualmente, el trabajo que más ingresos me genera es el de producción, no el boxeo.”
“Comencé en el boxeo para poder invertir en la música. La música hoy es más accesible, pero siempre necesitas publicidad. No cuento con los recursos para financiarla, así que pensé en el boxeo como una vía. De esa forma, la gente me ve y dice: ‘Ah, este es el que canta’. Mi idea nunca fue obtener un título. Ni siquiera pensé en ganar, solo quería venir y pelear. Pero luego comencé a ganar, y seguí ganando, cada vez mejorando.”
Marcelo Sánchez ha creado su productora audiovisual —Estudio 13—, donde trabaja en producciones de audio, video y grabaciones. Entre sus proyectos se encuentra colaborar con el boxeador Ezequiel Matthysse, la cantante Rocío Quiroga y Luis Ornelas. Ha estudiado producción y dirección de cine en el CIC de la Universidad Palermo y ha cursado el profesorado de educación física en La Matanza, aunque aún le quedan dos años para graduarse. Junto a su madre, realizó un curso de técnico de fútbol infantil y uno de guardavidas en la escuela de Alberto M. Tamagnone.
“El boxeo lo practico más por amor al arte y por un objetivo junto a mi familia. De hecho, vivo principalmente de la música”, menciona. Así, a las cuatro de la mañana, cuando la mayoría de la gente duerme, él sigue trabajando.
En 2022, llegó a ocupar el tercer lugar en el ranking de la Federación Argentina de Box en la categoría wélter. Todos creían que era el momento de despegar.
Sin embargo, le siguieron tres derrotas consecutivas. La última fue la más dura, en julio de 2023, en el Luna Park, frente al venezolano Jonathan Hernández. Perdió en el cuarto asalto por un corte en el pómulo derecho, resultado de un cabezazo. La herida tardó semanas en sanar.
Una vez que la herida cerró, Sánchez volvió al gimnasio, sin hacer drama ni dar declaraciones.
Lo que posee como boxeador es simple. Cuando se le pide identificar su mejor virtud en el ring, no menciona la técnica o la potencia en el golpe. “Lo mejor que tengo son los huevos”, responde.
Sin embargo, hay algo más, algo que ha construido a lo largo del tiempo. “Siempre competí. Hice natación, atletismo, y jugué al fútbol en primera en Ituzaingó. En boxeo, me di cuenta de que el éxito depende sobre todo de uno. En el fútbol son once jugadoras; en el boxeo, todo depende de uno mismo. Debes sacrificarte. Puedes ser el mejor, el más técnico, el más fuerte, o el que más aguante, pero si no te preparaste, perderás. Observé a campeones como la Joya Chávez y Brian Castaño, aprendí mirando a quienes saben. Al haber crecido, tu perspectiva cambia, y llegas a ser más inteligente.”
Siguió asegurando: “Cuando mi madre empezó a estudiar me fue transmitiendo su conocimiento, y entendí que hay que entrenar. Desmonté la mitad de mi casa y armé un gimnasio. Así, puedo ver a mi hija Nicole, a mi hijo Lucas, y a mi esposa Mela, estar con ellos al mismo tiempo que entreno. Y una vez que armé el gimnasio, los amigos empezaron a venir, luego un amigo trajo otro, les cobré una cuota, y ahora tengo unos sesenta chicos entrenando.”
El 18 de julio de 2025, cruzó el país hasta Río Gallegos para pelear por el campeonato argentino wélter vacante contra Nicolás “el Maldito” Jara, el mismo contrincante con el que había debutado como profesional siete años atrás y contra quien había perdido.
Recibió propuestas para pelear fuera del país, pero las rechazó. “Cuando me ofrecieron pelear con Jara, acepté de inmediato. Un motivo es que él es un buen peleador; otro, porque ser campeón argentino es un gran orgullo. Y otra razón es que pelear con los mejores te hace mejor”, afirmó con convicción.
El combate fue tenso y parejo. Jara llegaba de Tailandia, preparado. Pero Sánchez impuso su ritmo en la segunda parte, y las tres tarjetas dieron 96-94 a su favor. Así, su victoria fue por decisión unánime y se coronó campeón argentino wélter.
Marcos “Chino” Maidana estuvo en primera fila.
Un año después, el 25 de julio de 2026, Sánchez volvió a Hurlingham. Esta vez como campeón, ante su propia gente, en el Hurlingham Boxing Club. El rival, Walter Facundo Dávila, era hasta esa noche un boxeador invicto. “Era un gran rival, sabía que era fuerte”, declaró Sánchez. “Él quería ganar, fue decidido. Lo que nadie sabe es cómo entreno. Estoy seguro que nadie entrena como yo.”
La estrategia era clara desde el comienzo. “Tenía dos opciones: boxearlo desde la larga distancia, o acercarme y golpearlo hasta que se cansara. Me di cuenta de que cuando lo golpeaba bien, él reaccionaba abrazándome. Así que en cuanto encontraba la oportunidad, lo combinaba.” En el quinto asalto, lo detuvo por KOT.
El cinturón quedó en el barrio, y Sánchez no pudo ocultar lo que sintió al escuchar su nombre antes de subir al ring. “Cuando dijeron Marcelo Rateka Sánchez, y salí y vi a toda mi gente, estaba más emocionado que otra cosa. Me sentía feliz y sensible. Pero una vez arriba, ya fue; me transformo.”
Nuevamente, Maidana observaba desde las primeras filas.
Minutos después de noquear a Dávila, Sánchez, aún lleno de adrenalina, se dirigió a los micrófonos de CMP (la Promotora del Chino Maidana). No hizo referencia a récords ni estadísticas.
Se centró en lo que vendrá. “Ahora queremos ver si podemos ir al exterior de una vez; tengo muchas ganas. Pero lo que venga, estoy listo y entrenando todos los días”.
Y dejó en claro el legado que desea construir: “Primero, agradecido a Dios, porque él es todo y siempre está conmigo. Cada vez que salgo al ring me siento iluminado y feliz, con ganas de lo que se viene; de ir afuera, de destacar, ganar un título internacional, continental y después mundial, y celebrarlo con mi gente y mi familia. Porque de eso se trata. Vamos por un objetivo, pero lo que nos mueve es el amor. Gano esto por mí, para todos, para disfrutar y también para ayudar a la gente.”
La presencia de Marcos “Chino” Maidana, excampeón mundial y director de Chino Maidana Promociones (hoy a cargo de su prima Mariana Gómez Maidana), en sus dos últimas peleas tiene un peso simbólico significativo. Para Sánchez, es casi un símbolo de inspiración.
“Es un verdadero honor que haya estado en mis peleas, que me brinde su apoyo, que me ayude, que me dé una mano. Porque este es un deporte complicado y sin personas como él, es difícil avanzar.”
También dedicó un espacio para agradecer a quienes lo acompañaron en su trayectoria: “Quiero destacar que nadie nos regaló nada. Ganamos todo por esfuerzo. Y gracias a Dios hoy está el Chino Maidana. Quiero agradecer a la promotora, a él, a Mariana y a toda su familia.”
Antes de despedirse de una amena charla, “Rateka” Sánchez dejó un mensaje claro para quienes vienen detrás: “Que luchen por sus sueños, que no es tan difícil como parece. Es más fácil de lo que parece. Les digo que disfruten y presten atención a los detalles; la vida es hermosa y está hecha para vivirla.”
La vida se trata de luchar, caer y levantarse, y sobre todo, de soñar en grande. ¿Por qué no hacerlo?… con el anhelo de ser campeón mundial.









