La historia comenzó en Exaltación de la Cruz, provincia de Buenos Aires, donde Semino trabajaba en la producción de fardos y rollos de pasto destinados a tambos y criaderos de caballos. Cuando varios de esos establecimientos cerraron, algunas vacas quedaron en manos de su familia y le permitieron iniciar su propio tambo. Con el tiempo, decidió avanzar hacia la elaboración de productos con mayor valor agregado y comenzó a fabricar mozzarella, queso sardo y masa para mozzarella.
El punto de inflexión llegó en 2016, a partir de dos encuentros inesperados. Primero, un inmigrante peruano se acercó para comprar materia prima y terminó enseñándole a elaborar un queso de alto contenido de sal que no se derrite fácilmente al freírlo, una característica apreciada en la gastronomía peruana y boliviana. Meses después, un venezolano probó ese producto y reconoció que era el que buscaba: el queso llanero, utilizado en preparaciones como arepas y tequeños.
En aquel momento, la oferta local de esta variedad era muy limitada y el producto se importaba. Semino encontró así un mercado con poca competencia y comenzó a especializarse en su elaboración. La creciente llegada de venezolanos impulsó la demanda, mientras que el consumo de tequeños se extendió progresivamente entre los argentinos. Con los años, otros fabricantes también se incorporaron a ese segmento.
La expansión continuó cuando Semino recibió una propuesta para alquilar una planta de una cooperativa que atravesaba dificultades. En el establecimiento donde anteriormente funcionaba La Salamandra comenzó, hace cuatro años, a producir dulce de leche, una actividad nueva para él. Como el acuerdo no incluía el uso de la marca anterior, creó Milagros del Sol, nombre elegido en homenaje a sus hijas, que se sumaron al emprendimiento cuando tenían 23 y 25 años.
Los primeros pasos exigieron trabajo directo en la producción y la distribución. Semino participó en ferias, organizó degustaciones y recorría personalmente los comercios para entregar los potes de dulce de leche. Con el crecimiento de la empresa, las tareas se repartieron dentro de la familia: una de sus hijas quedó a cargo de la producción, mientras que la otra, contadora, asumió la administración y también participa en las ferias comerciales.
La jornada comienza de madrugada. Semino se levanta a las tres y su hija a las cuatro para llegar a la fábrica a las cinco, donde trabajan hasta las 14 o 15, según el volumen de producción. La diversificación permitió equilibrar el negocio entre los lácteos y el dulce de leche, con una oferta que incluye queso llanero, mozzarella, tybo, cremoso y burrata, entre otras variedades.
La empresa también desarrolló dulce de leche con sabores de café, naranja, frutos rojos, coco, chocolate y pistacho. Estos productos se comercializan especialmente en zonas turísticas de la Ciudad de Buenos Aires, como Caminito, San Telmo y la calle Florida. Además, la firma abastece a fábricas de alfajores y helados y produce para otras marcas.
El crecimiento llevó a Semino a abandonar la actividad tambera y comenzar a comprar leche a terceros, una modalidad que le permitió concentrarse en la elaboración industrial. Ahora, la empresa busca ampliar su alcance comercial y avanzar hacia las exportaciones. Según explicó, se encuentra finalizando los trámites ante el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) para enviar quesos y dulce de leche a Brasil, Estados Unidos y países árabes. Desde Brasil, aseguró, ya recibió pedidos por 20.000 kilos semanales de queso.
La firma también prepara una edición limitada de dulce de leche vinculada con la visita del papa León XIV. El producto tendrá una etiqueta especial con imágenes del pontífice, la Basílica de Luján y la Virgen, en una iniciativa asociada a la cercanía de Exaltación de la Cruz con esa ciudad bonaerense.
De unas pocas vacas a una planta que procesa miles de litros de leche cada día, el recorrido de Semino estuvo marcado por la búsqueda de nuevos mercados y la incorporación de productos. La apuesta por el queso llanero abrió una oportunidad comercial que permitió diversificar la producción y sentó las bases para una nueva etapa, con la mirada puesta en los mercados internacionales.









