El presidente de la FIFA optó por no restarse importancia y, en un gesto de complicidad, respondió: “Sí, parece que es así”. Desde ese instante, Infantino se ha mantenido cercano a Trump, disfrutando de la atención recibida. Por un lado, aprecia el reconocimiento, y por otro, ha entendido que Trump es igualmente receptivo a las palabras de elogio, lo que ha guiado su vínculo con el líder del Mundial.
Un ejemplo de esta cercanía es la oficina que la FIFA alquila en el piso 17 de la Trump Tower en Manhattan. Aunque podría estar en otro edificio de Nueva York, la FIFA no consideró rechazar esa opción. Además, Trump se beneficia de la relación al recibir elogios por parte de importantes negociantes.
Otro episodio ilustrativo ocurrió con un majestuoso trofeo dorado, diseñado para el Chelsea como campeón del Mundial de Clubes 2025, que Trump se adueñó al quedar fascinado con la pieza, obligando a la FIFA a crear una réplica con urgencia. La situación evoca otro momento cuando el trofeo de la Copa del Mundo fue presentado en la Casa Blanca, donde Trump preguntó: “¿Me lo puedo quedar?”
Infantino ha consolidado su relación con Trump a través de visitas a Washington, al complejo de Mar-a-Lago, en su gira por Oriente Medio, y en la entrega del controvertido Premio de la Paz de la FIFA, lo que ha resultado, según trascendió, en un supuesto pacto: la promesa de no realizar redadas antiinmigración durante el Mundial.
Hasta ahora, este acuerdo ha funcionado, aunque con sus implicancias, ya que Trump busca demostrar que tiene el control en situaciones clave. Intervenir en la FIFA para proteger a un jugador de su selección sería una forma efectiva de hacerlo.
Infantino se presenta como un “Blatter reloaded”, dominando todos los idiomas que hablaba su predecesor, además del árabe, y lo hace con mejor fluidez. Ha aprendido a utilizar el mismo esquema de distribución de fondos, especialmente hacia las federaciones más pequeñas, para mantener el sistema de un país / un voto, lo que le permite anticipar una gestión que podría extenderse 14 años.
Sin embargo, a diferencia de Blatter, que hacía sentir el poder de la FIFA sobre cualquier gobierno que intentara desafiarla, Infantino parece haber perdido esa fortaleza. Sus críticos argumentan que sus decisiones no benefician al fútbol, sino que responden a sus ambiciones en la escena política global. Trump, conocedor de esta debilidad, puede aprovechar esa necesidad del presidente de la FIFA, ya que ha hecho de la presión en los negocios una práctica habitual.
En este contexto, el Comité Olímpico Internacional (COI) y su presidenta, Kirsty Coventry, se preparan para afrontar situaciones complicadas durante los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Si Infantino tuvo que suavizar las tensiones para mantener su vínculo con Trump, las implicaciones para la responsable de un evento multideportivo de tal magnitud, que abarcará 17 días y otorgará 351 medallas de oro, podrían ser igualmente complejas.









