“Muchos me preguntan por qué camino, ¿por qué sorprende o provoca risa que una persona camine? Cuando alcanzas un poco de éxito, la gente busca explicaciones raras. Yo solía terminar de jugar en mi pueblo y caminaba de regreso. Intento replicar las costumbres que aprendí en Empalme Villa Constitución”, afirma este santafesino que proviene de las afueras de Rosario y que se inició en las inferiores de Newell’s, donde forjó su carrera como futbolista y posteriormente como director técnico.
Con esa misma naturalidad, Berti se prepara para enfrentar a Aldosivi por la Copa Argentina, un partido que se jugará este miércoles por la noche en el estadio de Banfield y que podría llevarlo a los cuartos de final de un torneo que ya lo ha consagrado campeón el año pasado, marcando un hito en la provincia y en la región cuyana.
El encuentro contra el Tiburón representa un desafío que durará 90 minutos, y en un fútbol tan equilibrado como el argentino, es posible que ocurra cualquier cosa, a pesar de que el equipo marplatense está atravesando una temporada complicada. Para Berti, la anticipación de un partido no precisa de exageraciones, especialmente considerando que este año han sido todas finales. Su equipo acaba de salir eliminado en los octavos de final de la Copa Libertadores por penales ante Fluminense, además de liderar la tabla anual de la Liga Profesional, en busca de una segunda estrella que aumente aún más su prestigio.
“Ya está todo hablado con los futbolistas. Un día antes, el jugador debe dormir y alimentarse adecuadamente. Yo, al igual que ellos, como y duermo, aunque quizás un poco más”, bromea, recordando que “cuando era futbolista y el técnico me recriminaba el día anterior, entraba a la cancha con fastidio”.
Esta forma de ser también se manifiesta en su visión sobre la profesión, aunque con ciertas condiciones. “No me molesta que digan que soy simple, humilde o que camino por la calle. Lo que no me agrada es que asocien esas palabras con que soy un técnico que no trabaja”, señala.
“Para estar en este ambiente, debes ser meticuloso, obsesivo y desconfiar a cada minuto. Yo cumplo con esos rasgos. Pero conozco a muchos que dependen de la tecnología y tienen que dirigir con pañales”, expresa, haciendo referencia a su apodo, el Loco.
Ante la cuestión de cómo se mantiene el vestuario con hambre de triunfo tras la frustrante eliminación de la Libertadores, responde: “El día de la eliminación hubo mucha bronca y tristeza en el vestuario, lo cual es lógico. Pero al día siguiente los vi bien. De hecho, lo mejor que pudo pasarnos fue jugar casi de inmediato contra Independiente en Avellaneda. Ahí el equipo mostró un gran carácter. Les digo a los chicos que cuando un futbolista compite cada tres días, es señal de que está haciendo las cosas bien. Desde que ganamos la Copa Argentina, cada partido se ha convertido en una final. Ellos han sido los que elaboraron y diseñaron nuestra forma de afrontar las competencias, así que deben disfrutarlo. Nosotros solo intentamos acompañarlos e intervenir cuando es necesario.”
Aunque reconoce el mérito de los futbolistas, también sabe que debe adaptarse a los cambios en el plantel de semestre a semestre. “Es una dinámica de trabajo, disciplina y humildad, donde las cosas deben estar claras. Desde el cuerpo técnico, damos directrices y ellos las aceptan continuamente. Tiene que haber simplicidad, claridad y un mensaje directo, sin ambigüedades. Los entrenadores deben guiar y tener credibilidad constante”, afirma.
Berti también muestra su astucia cuando se le pregunta cómo Independiente Rivadavia se mantiene competitivo en un contexto donde clubes como River Plate invierten cifras millonarias. “Se logra con un mensaje claro. Sabemos que nuestro presupuesto es diferente al de muchos equipos, incluidos los más grandes. Debemos construir desde un lugar distinto. Nuestra construcción se basa en el trabajo y el sacrificio, entendiendo que el bien común es el grupo. Necesitamos ser un equipo compacto y aguerrido, que juega de la misma manera en cada cancha.”
Además, se muestra consciente del legado que está construyendo en Independiente Rivadavia. “Sí. Esto comenzó en 2017. Antes de irme, en esa primera ocasión, le comenté a alguien que este club tenía todo para ascender a Primera. Los dirigentes tienen claros sus objetivos; el club está en un lugar único, y la gente es apasionada e inteligente. Esas cosas me hacían creer que el club podía llegar a este punto”.
En esa planificación, Berti ha demostrado su habilidad para recuperar jugadores, como lo está haciendo ahora con Maxi Salas. “Con Maxi fue lo mismo que con todos los chicos. Una charla rápida, breve, honesta y directa. Muy pocos minutos. Tenía buenas referencias de él, no solo en su desempeño futbolístico, que ya conocíamos, sino en lo personal, y estábamos seguros de que se adaptaría rápido al grupo, que tiene buena gente. Se ha integrado rápidamente y está mejorando cada vez más”, destaca.
Al referirse a Sebastián Villa, el reconocido colombiano que juega en Boca, Berti reflexiona: “Es un futbolista de calidad, sin lugar a dudas. Ya sabe lo que implica estar en Boca. Allí tienes que estar muy dispuesto y alerta, porque un día puedes estar en la cima y al siguiente ser relegado. Tendrá que convivir con eso. Él lo tiene claro y creo que a medida que pasen los partidos, su aporte será significativo.”
Cuando se le pregunta si sigue considerando a Villa el mejor jugador del fútbol argentino, responde: “Bueno, Boca lo compró”.
El desafío de sostener un proyecto en el fútbol argentino parece una tarea muy compleja, sin embargo, en Mendoza el ciclo Berti parece consolidarse como una tradición en Independiente Rivadavia. Al ser consultado acerca de ser el entrenador que más tiempo ha estado al frente en la Primera División, Berti comenta: “Soy consciente de que llevo tiempo aquí, aunque no sabía este dato, es interesante. Ya son casi dos años. Me recuerda la época del fútbol de hace veinte años, cuando los entrenadores se mantenían durante largos períodos en sus cargos, lo que brindaba previsibilidad a los dirigentes y tranquilidad a los jugadores. Hoy, si puedes sostenerte en un club más de seis meses, todo lo que venga después puede ser positivo. Estoy realizando este trabajo como si estuviera en un club de mi pueblo y visualizo tiempos diferentes para todo. Por eso, la mayoría de los futbolistas que hemos traído tienen un proceso de adaptación de dos o tres meses.”
Berti también critica la atmósfera mediática y social que rodea a los protagonistas del deporte. “Uno puede observar que cada equipo tiene 25 periodistas partidarios y todo gira en torno a la controversia. Se despierta una locura desmesurada… Históricamente, entrenadores y jugadores siempre hemos estado bajo sospecha, pero ahora es exponencial”, reflexiona con franqueza.
Esta crítica de Berti es también una respuesta a cómo se empieza a tratar a los futbolistas en este escenario. “Los futbolistas son seres humanos que juegan al fútbol. Se quiere normalizar que un día sirven y a los pocos meses son considerados descartables, y eso no me parece bien. Existe una dinámica en la que los dirigentes responsabilizan a los futbolistas por los malos resultados. Estas prácticas se normalizan para que la gente que asiste a los partidos o que está en las redes sociales se sienta tranquila. Es extraño e injusto”.
En un contexto de inestabilidad crónica, Berti se destaca como una excepción tras haber renovado su contrato con la institución hasta 2028. Su brújula interna siempre apunta hacia su Empalme, tan añorado como presente en sus palabras. “Me manejo con la mentalidad del club de mi pueblo. A los 15 años, tenía un entrenador llamado Mario Cuchuleta que estuvo 20 años en su cargo. Todos estaban alineados con la estructura que él había creado”, recuerda con admiración.
Ese anhelo es su norte y su reto personal en Mendoza. “Tal vez por eso renové; para ver si puedo completar cuatro años en un club y mostrar que hay otra forma de hacer las cosas en el fútbol”. Todo, por supuesto, bajo una premisa innegociable: “Cuando uno lleva más de dos años en un lugar, el único error que no debe cometer el entrenador es creer que tiene el poder de hacer lo que se le antoje”, afirma con conviction.
Frente a la presión que enfrenta diariamente, se le pregunta si es feliz siendo entrenador en la actualidad. Con una sonrisa, dice: “Sí, cuando hay vacaciones, jaja. La dinámica de trabajo es muy intensa, porque el siguiente partido siempre es el más importante y debes ganar, porque si no, las cosas dejan de funcionar. Esa presión está presente tanto en los futbolistas como en los entrenadores. Sin embargo, me alegra que la afición cambie su manera de percibir algunas cosas desde 2023; en eso sí estoy feliz.”
Cuando se le consulta si está viviendo el mejor momento de su carrera, responde: “Es un tiempo en el que, considerando que vivimos de los resultados, haber ganado la Copa Argentina te brinda un plus innegable. Te da tranquilidad para desarrollar tu trabajo de otra manera. El respaldo de los dirigentes, el reconocimiento de los futbolistas y el apoyo de la gente crean una dinámica positiva en todo el entorno. Todo comienza a fluir con más armonía.”
Los logros, no obstante, han tenido un efecto en su vida personal. “No me cambió la vida a mí, sino a Independiente Rivadavia y a su afición. Eso no tengo dudas. Desde que tengo cinco años jugando fútbol, he conseguido títulos, he luchado por evitar descensos, he perdido finales. He vivido muchas experiencias; una semana después de perder un clásico con Newell’s, estuve amenazado en mi pueblo. Por eso, estoy satisfecho por haber podido cambiar la percepción de la hinchada de Independiente Rivadavia. A mí no me influye en nada.”
Cuando se le pregunta si siente que Mendoza es su lugar en el mundo, responde: “Yo creo que hay una única casa donde uno nace y pertenece, que es mi pueblo. Sin duda, me siento muy cómodo en Mendoza. Esa costumbre de caminar es bastante natural para mí, es como si estuviera caminando en mi pueblo. A veces pienso que estamos en un mundo loco, donde ver a alguien caminando cuatro cuadras a la gente le parece algo raro. Por esa razón, resido cerca del club.”
Sin embargo, esta cercanía provoca que los hinchas aprovechen esos momentos para mostrarle su gratitud. “Sí, pero no quiero extremos. Te dicen: ‘Le vamos a poner tu nombre a una tribuna’. Pero no deseo eso. Estas situaciones son para los estoicos romanos, para Julio César. Son elementos que se ven en Roma, donde puedes ver monumentos. Si alguien se me acerca con esa propuesta, prefiero alejarme, por si acaso.”
Cuando se elige un contrato de por vida en el club, su respuesta es cautelosa: “Es algo que no he considerado nunca. Mi deseo es simplemente poder completar este nuevo contrato. Paso a paso. En un marco donde la paciencia es escasa, uno nunca sabe. Son momentos y decisiones que, como dice Miguel Ángel Russo, deben tomarse con cautela.”
En su opinión, el análisis en el fútbol ha llegado a ser excesivo. “Lo que se analiza hasta el cansancio es todo lo que rodea al fútbol. En términos de estrategia, táctica y cómo enfrentar a un rival, esas conversaciones son escasas. La mayoría de lo que se ve es chisme. El problema es que la nueva generación de aficionados va a los estadios con sus teléfonos buscando todo lo que pasa minuto a minuto; eso desnaturaliza el juego”, explica.
Una de las preocupaciones que Berti expresa es la maduración acelerada de los jóvenes futbolistas en las inferiores. “Ahora los jóvenes juegan menos partidos en Reserva, ya no lo hacen con las tribunas llenas, y los representantes empiezan a intervenir. Les hacen creer que están listos para jugar en Primera, lo que no siempre es cierto”, señala el entrenador. Además, propone una solución: “Es indispensable que haya un desarrollo, una cantidad prudente de partidos para que el futbolista se consolide y no sufra con cada cambio de división.”
Para él, los problemas actuales surgen de una vorágine compartida entre agentes y entrenadores que, por la ansiedad de pertenecer, “cometen todo tipo de disparates”.
“Hay futbolistas de 24 años que en cuatro años han pasado por ocho clubes. Los representantes los mueven, pero no juegan en ningún lado. ¿Quieren potenciarlos o solo hacer dinero?”, se cuestiona Alfredo, con un tono casi paternal.
A pesar de su crítica hacia el fenómeno de las redes sociales, Berti confiesa entre risas que consume los mismos formatos que cuestiona: “El otro día escuchaba un reel… Se dice así, ¿verdad? Sí, miro videos en redes. Vi uno de Bielsa que decía que si comenzara de nuevo, lo primero que haría sería estudiar psicología”, relata aludiendo a otro Loco que tuvo influencia en su formación como jugador.
“En nuestra época, el entrenador te decía: ‘Esta botella es de color blanco’, y aunque nosotros veíamos que era negra, respondíamos que sí. Si hoy seguimos así, nos estarían metiendo en problemas”, expresa con honestidad, reconociendo que los métodos han evolucionado. “Ahora la psicología y la salud mental son fundamentales; tenemos que modernizarnos y brindar herramientas a los jóvenes”, concluye.
Con tantas responsabilidades, entrenamientos, viajes y partidos, se le pregunta si mira fútbol en su tiempo libre. “¡Por supuesto que veo fútbol! No obstante, lo primero que te cuentan los entrenadores jóvenes de 30 años es que ‘estamos viendo fútbol todo el día, con los ordenadores’. Yo también miro fútbol, desde los cinco años. Hablo de fútbol todo el tiempo. Vivo con mi mujer y hablamos de fútbol incesantemente. Ella y mi madre son fanáticas del deporte, así que tengo suerte. Entonces la gente me mira como diciendo ‘pobre’.”
Cuando se le pregunta si disfrutó del Mundial como espectador, responde: “Sí. Disfruté de la hermosa alegría con Inglaterra. Los chicos jugaron un partido que coloca a la altura de la emoción que sentí en el Mundial ‘86. Vi ese partido y sentí la misma felicidad. En México, me importaban más los cuartos de final que vencer a los alemanes, y ahora fue algo similar.”
En cuanto a teorías conspirativas, su respuesta es contundente: “Eso no. Si alguien me plantea eso, me alejo. No combato esas ideas; simplemente, no tienen cabida en mi mente.”
Finalmente, cuando se le pregunta cómo se definiría, Alfredo Berti responde: “Soy un apasionado del fútbol. Tengo 54 años, así que llevo casi 50 años ligado a la pelota. El fútbol es parte de mi vida. Junto a mi familia, son fundamentales. Ambas cosas van de la mano. Esa es la vida que, si pudiera comenzar de nuevo, la repetiría exactamente igual.”
“Un apasionado que nunca se relaja”, concluye Berti. “Cuando hay tres o cuatro días de descanso, el cuerpo ya te avisa. Un día relajado está bien, a lo sumo dos. Pero si la relajación se convierte en constante, es porque algo no está bien.”









