La comparación toma como referencia el costo de cargar 40 litros de combustible y el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de cada país, utilizado para estimar el ingreso mensual de sus habitantes. La medición permite observar que el impacto del combustible en la economía familiar no depende únicamente del precio por litro, sino también de los ingresos disponibles.
En América Latina, las diferencias son significativas. En Brasil, llenar un tanque equivale al 5,9% del ingreso mensual per cápita, mientras que en Colombia la proporción alcanza el 7,9% y en Perú llega al 9,4%.
En cambio, Uruguay presenta un porcentaje del 4,5%, Chile registra un 4,4% y Panamá se ubica en el 3,6%. Estos valores muestran que, en esos países, el gasto necesario para completar un tanque representa una porción menor del ingreso mensual estimado.
Las mayores dificultades dentro de la región aparecen en Nicaragua, donde llenar un tanque de 40 litros demanda el equivalente al 22,5% del ingreso mensual per cápita. Le siguen Honduras, con el 21,3%; El Salvador, con el 11,8%; y Guatemala, con el 10,1%.
A escala internacional, las diferencias son todavía más pronunciadas. En Qatar, completar un tanque representa apenas el 0,4% del ingreso mensual estimado, mientras que en Kuwait alcanza el 0,5%. En Estados Unidos y Luxemburgo, el porcentaje se ubica en el 0,7%.
En Europa, el esfuerzo económico es mayor: llenar un tanque equivale al 2,1% del ingreso mensual en Alemania y el Reino Unido, al 2,5% en Francia y al 2,7% en España.
En el extremo opuesto se encuentran varios países africanos, donde el costo del combustible representa una proporción mucho más elevada de los ingresos. En Ruanda, llenar un tanque consume el 90,3% del ingreso mensual per cápita estimado. Le siguen Lesoto, con el 81,2%, y Burkina Faso, con el 71,2%.
Los resultados reflejan las diferencias en la relación entre el costo de la nafta y los ingresos de cada economía. Aunque el porcentaje correspondiente a Argentina es menor que el registrado en varios países latinoamericanos, la comparación se basa en ingresos estimados a partir del PIB per cápita y no necesariamente refleja el dinero que cada hogar tiene efectivamente disponible para afrontar sus gastos.









