En total, participaron 150 efectivos británicos del Regimiento de Paracaidistas y alrededor de 100 reservistas de la Fuerza de Defensa de las Islas Malvinas. El entrenamiento se extendió durante seis días y buscó recrear las dificultades operativas que enfrentaron las tropas británicas durante el conflicto armado, además de incorporar escenarios vinculados con las amenazas militares actuales.
Las maniobras estuvieron a cargo de integrantes de la Compañía B del segundo batallón del Regimiento de Paracaidistas, conocido como 2 PARA. La unidad participó en la guerra de 1982, al igual que el tercer batallón, que intervino en la batalla de Mount Longdon. También participaron fuerzas de la Marina Real y de la Fuerza Aérea Real.
El operativo comenzó con el traslado de un pelotón a bordo del HMS Medway, un buque de patrullaje oceánico de la clase River, a lo largo de la costa hasta la zona de San Carlos, en la isla Soledad. Con el apoyo de embarcaciones inflables de desembarco, los efectivos llegaron a tierra y se reunieron con el resto de su unidad.
Posteriormente, completaron una marcha nocturna de 32 kilómetros hasta Goose Green, donde establecieron una zona de reunión. Allí realizaron un asalto al amanecer contra un objetivo simulado de comunicaciones, con apoyo aéreo de cazas Typhoon de la Fuerza Aérea Real británica. Según el balance oficial de las maniobras, las tropas avanzaron varios kilómetros y neutralizaron a las fuerzas enemigas simuladas en un período de tres horas.
La actividad continuó con el traslado de los efectivos en helicópteros hacia otra zona de entrenamiento. Desde allí realizaron un nuevo desplazamiento táctico de 21 kilómetros hasta Wireless Ridge, una elevación estratégica situada a menos de ocho kilómetros de Puerto Argentino. En ese sector practicaron combate cercano durante dos horas, en terrenos caracterizados por zonas rocosas, turberas y áreas abiertas expuestas a las condiciones climáticas.
El ejercicio, denominado Cape Upholder, también contempló escenarios vinculados con las nuevas tecnologías militares. Entre ellos se incluyeron simulaciones de ataques con drones y evaluaciones sobre el impacto de los ámbitos cibernético y espacial en las operaciones actuales.
Aunque las fuerzas británicas realizan entrenamientos periódicos en las islas, las maniobras recientes tuvieron una característica particular: recrearon condiciones de desembarco similares a las de la Operación Sutton, desarrollada durante la guerra de 1982. El conflicto se prolongó durante 74 días y dejó un saldo de 649 militares argentinos, 255 británicos y tres civiles malvinenses muertos.
La escala del ejercicio actual fue considerablemente menor que la del despliegue británico durante la guerra, cuando la Marina Real movilizó una fuerza de tarea integrada por 127 buques. Sin embargo, el entrenamiento vuelve a poner de relieve la importancia estratégica que el Reino Unido asigna a la defensa del archipiélago.
La presencia militar británica permanente se apoya principalmente en la base de Mount Pleasant, inaugurada en 1985 y puesta en funcionamiento pleno al año siguiente. La instalación se encuentra a unos 53 kilómetros al suroeste de Puerto Argentino, en la isla Soledad, y fue construida como parte del refuerzo de las defensas británicas después de la guerra.
Actualmente, la base alberga aviones de combate Typhoon, aeronaves de transporte y un avión cisterna, además de personal militar que cumple funciones operativas, técnicas y de apoyo. Las estimaciones incluidas en el material señalan que allí se alojan entre 1.000 y 2.000 efectivos británicos. La Fuerza de Defensa de las Islas Malvinas, integrada por voluntarios locales, complementa el dispositivo de seguridad.
El entrenamiento se desarrolló mientras el Gobierno argentino renovaba sus reclamos de soberanía. El presidente Javier Milei sostuvo recientemente que el país podría actuar con rapidez para recuperar las islas, a las que considera bajo ocupación extranjera ilegal. Posteriormente, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, reafirmó la posición argentina y expresó su intención de avanzar mediante una estrategia pacífica.
Desde el Reino Unido, el primer ministro Andy Burnham afirmó ante la Cámara de los Comunes que su Gobierno hará lo necesario para mantener las Malvinas bajo administración británica, al sostener que esa posición responde a la voluntad expresada por los habitantes de las islas.
En paralelo, el Gobierno británico tomó medidas vinculadas con el proyecto petrolero Sea Lion, ubicado en aguas próximas al archipiélago. Funcionarios de ese país solicitaron a Interpol que no atienda eventuales pedidos argentinos de notificación roja contra personas involucradas en el emprendimiento. La presentación habría argumentado que esas solicitudes podrían responder a motivaciones políticas.
La iniciativa se suma a otras acciones británicas destinadas a proteger a las empresas y a las personas que participan en actividades económicas en las islas frente a posibles medidas judiciales o sanciones impulsadas por Argentina.
De este modo, las maniobras militares y las medidas diplomáticas se desarrollan en un escenario en el que persisten las diferencias entre ambos países por la soberanía de las Malvinas, mientras el Reino Unido mantiene su estructura de defensa en el archipiélago y Argentina continúa reivindicando sus derechos sobre el territorio.









