La investigación se publicó en la revista especializada Environmental Research y es fruto de un trabajo que comenzó hace más de una década. La premisa, explicaron los científicos que conforman el grupo denominado “Anticipando la crecida”, fue ubicar los saberes técnicos con la experiencia territorial al mismo nivel.
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Los investigadores suman que de los propios diálogos territoriales surgieron preguntas para sus trabajos, que luego se convirtieron en tesis de grado y doctorales. A partir de esos diálogos entre la academia y los barrios, fueron los propios vecinos quienes, con ayuda de los investigadores, elaboraron parámetros locales sobre cuáles son los valores críticos de lluvia acumulada en cada barrio.
“Anticipando la crecida” es un proyecto liderado por el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (Cima – Conicet) y por el Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Universidad de Buenos Aires (DCAO – UBA), en el que también participan profesionales del Instituto Nacional del Agua (INA), el Instituto Geográfico Nacional (IGN) y especialistas de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), entre otros.
La investigación publicada se centró sobre los municipios ubicados en las cuencas Matanza-Riachuelo y Sarandí-Santo Domingo. Se realizó un cruzamiento de los datos de necesidades básicas insatisfechas del censo 2022 y de los aportes que realizan voluntarios y referentes barriales que son capacitados desde hace más de una década sobre los principales impactos meteorológicos que sufren, para sumar una capa más de detalle sobre qué se puede hacer ante la llegada de fenómenos climáticos más intensos.
Los resultados quedaron expuestos en el trabajo, en el que se midieron los niveles de exposición a esos fenómenos, por un lado, y de vulnerabilidad en caso de experimentarlos, por el otro.
En 11 años, científicos y vecinos construyeron umbrales críticos de lluvia para saber qué hacer en cada caso y para que esos aportes le sirvan a los gobiernos locales para prevenir. Vecinos usando pluviómetros y colaborando a la construcción de un mapeo comunitario de inundaciones.
En total, entre 2014 y 2025 se realizaron 40 reuniones que involucraron a 1.028 vecinos de 31 barrios propensos a las inundaciones en Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora y La Matanza.
El grupo de trabajo comenzó hacia 2014 con la participación de distintas instituciones y profesionales ligados a diversas ramas (meteorología, geografía, antropología y oceanografía, entre otras) para “poner las capacidades del sistema científico a trabajar las cuestiones de alerta temprana y que no sea sólo técnico el conocimiento, sino que se sume lo que se sabe en los barrios sobre cómo se mueve el agua”, explicó a TN Federico Robledo, investigador del Conicet y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, que forma parte de Anticipando la crecida. La idea, desde un principio, fue “poner en diálogo el conocimiento científico con el que tiene la gente que habita los barrios expuestos a inundaciones, para lograr poner los dos conocimientos al mismo nivel”.
De la investigación no solo participaron profesionales, sino también estudiantes de diversas carreras y vecinos que fueron alternando sus participaciones con el correr de los años. Lo más importante, remarcó Robledo, es trabajar “con mucha capacidad de escucha sobre lo que ese territorio está necesitando en cuestiones vinculadas a los impactos meteorológicos”.
Esos diálogos, destacó Diego Moreira, oceanógrafo investigador del Conicet y que también forma parte del grupo, se trabajan entre diferentes barrios: “Es necesario que se hablen entre ellos, porque una cuenca es agua que va a correr por un río o un arroyo que se va a trasladar de un barrio a otro”.
Desde hace más de diez años, los investigadores realizan encuentros territoriales para trabajar en conjunto con los vecinos sobre el monitoreo de los acontecimientos meteorológicos, el conocimiento de potenciales riesgos (por ejemplo, las esquinas o puntos que suelen anegarse), conocer dónde hay población vulnerable (sobre todo, niños y adultos mayores) y comunicar y difundir las actividades. Las conclusiones de esos encuentros son compartidas con los tomadores de decisiones de gobiernos municipales y provinciales para que elaboren las respuestas pertinentes en la previa de eventos intensos.
“Se va construyendo una película de lo que pasa a lo largo del tiempo. La gente en los barrios toma medidas de lo que llueve y nos las pasa. Siempre trabajamos en momentos de calma”, explicó Robledo. Y Moreira sumó que en reiteradas ocasiones personal de Desarrollo Social de la provincia y de Defensa Civil participó de los talleres y encuentros territoriales, logrando que también los voluntarios de los barrios sepan que hay agentes disponibles a los que recurrir en caso de problemas durante los eventos meteorológicos intensos.
El desafío de construir los mapas que determinan las zonas más vulnerables es el dinamismo propio de los territorios. Si bien las herramientas son más precisas que los mismos radios censales, explicaron los investigadores, también se hace difícil mantenerlos actualizados porque van modificándose a partir del crecimiento, por lo que el acompañamiento debe ser continuo.
Robledo indicó que hay mejoras en los barrios respecto al censo de 2001: “Hay menos hogares vulnerables a pesar de que pueden estar más expuestos. Hay tendido de agua potable, de cloacas. Pero los cambios siguen siendo dinámicos”.
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“Si comparamos con El Niño de 2015-2016, vemos que a nivel local se ha avanzado mucho y bien en preparación para la emergencia. Se hicieron capacitaciones, hay equipos y más recursos técnicos en varios municipios”, detalló, a lo que Moreira sumó: “Los eventos de La Plata y el más reciente de Bahía Blanca genera que los municipios se organicen para que no vuelva a pasar”.
Robledo señaló que el aprendizaje en los diálogos territoriales es invaluable y que, incluso, les permite “pensar preguntas científicas que después son tesis de grado o de doctorado. Todos los ámbitos van ganando expertise. Territorio, academia y municipio es un círculo virtuoso de crecimiento y utilización del conocimiento”.









