Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) elaborada por el Indec, la población ocupada alcanzó los 13,4 millones en los primeros meses de 2026, lo que implica un aumento de 358.000 trabajadores respecto al mismo trimestre de 2024, equivalente a un crecimiento del 2,7%.
No obstante, este avance fue exclusivamente en el empleo informal, que creció en 604.000 trabajadores. Por el contrario, el empleo formal disminuyó en 246.000 puestos, cayendo de 7,7 millones a 7,5 millones, lo que representa una reducción del 3,2%.
Por otro lado, el número de desocupados aumentó en 57.000, alcanzando 1,1 millones, lo que significa un aumento del 5,2%.
Además, el total de asalariados se redujo en 145.000, descendiendo de 9,79 millones a 9,65 millones. Este grupo vio caer el número de trabajadores registrados en 306.000, mientras que los no registrados sumaron 160.000 adicionales.
En contraposición, los no asalariados aumentaron en 503.000 trabajadores, totalizando 3,8 millones. La mayor parte del crecimiento provino de los cuentapropistas informales, que se incrementaron en 421.000 personas (+24,1%). Los cuentapropistas formales mostraron una variación mínima (+1,4%), mientras que el número de patrones aumentó en 67.000.
Como resultado, la tasa de informalidad pasó del 40,8% en el primer trimestre de 2024 al 44,2% en la actualidad.
“En síntesis, el desempleo se mantuvo estable gracias al incremento de la ocupación, pero el empleo formal, tanto asalariado como cuentapropista, se contrajo”, afirmó una fuente consultada.
Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA-Autónoma, expresó: “El mercado laboral ajusta por calidad y no por cantidad. Siguen cayendo los ocupados formales y crecen los informales. La tasa de desocupación se mantiene estable, levemente por debajo del 8%, pero la composición de la estructura ocupacional es cada vez más precaria”.
El último informe de la Secretaría de Trabajo, que evaluó datos correspondientes a marzo y abril, indicó que “la retracción del empleo asalariado se enmarca en un comportamiento sectorial marcadamente heterogéneo, donde los sectores en contracción concentran una mayor proporción del empleo que aquellos en expansión”.
En realidad, los tres sectores relacionados con la producción primaria de la economía fueron los únicos que aumentaron su cantidad de trabajadores: Minas y canteras, Pesca, y Agricultura, ganadería y silvicultura, aunque en conjunto representan solo el 7% del empleo asalariado registrado.
Por otro lado, cuatro sectores que sufrieron las mayores caídas (Comercio, Transporte, almacenamiento y comunicaciones; Intermediación financiera e Industria) explican casi la mitad del empleo asalariado formal del país.
Un análisis de un centro de estudios destacó el efecto amortiguador de la desocupación: “Ante la pérdida de un empleo asalariado formal, la facilidad de acceso a las plataformas digitales permite un ‘rebusque’ inmediato que impide la transición técnica del individuo hacia la categoría de desocupado”.
“Así, el trabajador se mantiene dentro de la población ocupada en la modalidad de cuenta propia (formal o informal), invisibilizando su situación de desempleo latente y encubriendo un proceso profundo de precarización y flexibilización laboral”, añadió el mismo informe.
También se mencionó que, según un estudio del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA y Conicet, el salario mínimo ha perdido aproximadamente el 40% de su poder adquisitivo desde noviembre de 2023.
El análisis señaló que a partir de diciembre de 2023 comenzó un prolongado proceso de erosión de su valor real, con una caída del 15% debido a la aceleración de la inflación, tendencia que se profundizó en enero de 2024 con un nuevo descenso del 17%.
Como resultado, el salario mínimo real en mayo de 2026 se encuentra por debajo de los niveles de 2001, antes de la crisis que finalizó con el régimen de convertibilidad, y está un 66,5% por debajo del máximo alcanzado en septiembre de 2011.









