El proyecto, denominado “Jersey +”, combina automatización, bienestar animal y producción lechera, además de incorporar a una nueva generación de la familia que lleva adelante el establecimiento. La iniciativa se desarrolló sobre un esquema de inversión progresiva y con recursos generados por la propia actividad agrícola-ganadera.
Durante la primera semana, los 25 animales permanecerán en las nuevas instalaciones para familiarizarse con el funcionamiento del sistema. En esta etapa no serán ordeñados. Luego comenzará una incorporación gradual de algunas vacas al proceso de ordeño, con el objetivo de ajustar el funcionamiento de la infraestructura y del sistema automatizado.
El establecimiento cuenta con un galpón de 120 por 30 metros, diseñado para albergar entre 220 y 240 vacas que pueden desplazarse libremente. En su interior funcionan tres robots de ordeño, camas individuales de goma, cepillos para los animales, ventiladores y puertas inteligentes de tres vías destinadas a ordenar el tránsito dentro de las instalaciones.
El sistema de ordeño es voluntario y automatizado y utiliza tecnología desarrollada en Suecia. La infraestructura incorpora un esquema de tráfico guiado que permite organizar los movimientos de las vacas y adaptar el manejo a las necesidades de cada animal.
El proyecto busca concentrar la producción en la calidad de la leche, especialmente en los denominados sólidos útiles, correspondientes a grasa y proteína. El objetivo es mantener o superar los niveles obtenidos anteriormente mediante el sistema convencional, que se ubicaban entre el 9,20% y el 9,40%.
El manejo nutricional también ocupa un lugar central. La intención es evitar tanto una alimentación excesiva como situaciones de estrés que puedan afectar la salud y la vida productiva de los animales. El enfoque apunta a extender la permanencia de las vacas dentro del rodeo y preservar su longevidad.
La automatización permite, además, contar con información en tiempo real y realizar un seguimiento individual. De esta manera, la alimentación y el manejo pueden adaptarse al rendimiento y a las necesidades específicas de cada vaca, en lugar de aplicar el mismo esquema a todo el rodeo.
La actividad lechera forma parte de la historia de la familia que impulsa el proyecto desde 1985. La producción fue retomada en 2018 con la incorporación de la raza Jersey y, desde entonces, se avanzó progresivamente hacia el nuevo sistema automatizado.
La inversión se desarrolló durante seis años con capital propio generado a partir de la actividad agrícola-ganadera, sin recurrir a financiamiento externo. Ese esquema permitió avanzar de manera gradual, introducir modificaciones durante el proceso y tomar decisiones en función de la evolución del emprendimiento.
La renovación generacional también forma parte del proyecto, con la participación de hijos y sobrinos en distintas tareas. El modelo elegido buscó, además, mantener una estructura financiera que no dejara compromisos económicos a la familia ante eventuales dificultades.
Con la incorporación de los tres robots de ordeño, las camas de goma y el sistema de circulación guiada, el establecimiento inicia una nueva etapa productiva basada en la automatización, el seguimiento individual de los animales y la búsqueda de una mayor concentración de sólidos en la leche.









