La decisión de compra se tomó justo antes del inicio de la cuarentena debido a la pandemia. Algunas semanas después de la flexibilización de las restricciones, la pareja se trasladó al sitio. En ese momento, Ramiro contaba con 24 años y Julieta con 19. Durante los primeros tres meses, vivieron sin electricidad mientras comenzaban a limpiar y a trabajar la tierra, estableciendo su proyecto para el futuro.
La experiencia de Ramiro en el ámbito agrícola no era nueva. Proveniente de una familia dedicada al transporte de personal en Neuquén, poseía una chacra de 13 hectáreas en Plottier que había estado sin producción continua. En 2017, inició un proceso de sistematización y experimentación con diversos cultivos, aunque gran parte de las labores seguía dependiendo de contratistas.
La pandemia aceleró una decisión que ya estaba en proceso. La familia buscaba diversificar sus actividades agrícolas y reducir su dependencia de un sector único. Finalmente, Ramiro y Julieta asumieron el desafío y transformaron la chacra rionegrina en Establecimiento La Pasto Verde.
Durante dos años y medio, vivieron en un tráiler mientras trabajaban en el terreno y construían su hogar, el cual finalizaron en 2022. A la par, eliminaron el viejo monte frutal, nivelaron la tierra e implementaron un modelo productivo enfocado principalmente en la alfalfa.
La elección de la alfalfa fue estratégica. Ramiro la considera una de las forrajeras más resilientes, capaces de adaptarse a diversas condiciones climáticas. Anteriormente, habían cultivado zapallo, melón y maíz, pero la alfalfa se mostró como la opción más confiable en términos de estabilidad y respuesta productiva.
El proceso de preparación de cada lote se inicia mucho antes de la siembra, comenzando con una nivelación precisa, esencial para el riego por manto. Posteriormente, implantan un verdeo de invierno como avena o cebada, seguido de cultivos de primavera y verano, como moha o mijo, antes de sembrar la alfalfa.
Asimismo, realizan análisis de suelo y fertilización adaptada a las necesidades específicas de cada lote. Incorporan además abono proveniente de sus propios animales, lo que logran con maquinaria específica. Para Ramiro, mantener la fertilidad del suelo es crucial para asegurar altos rendimientos a lo largo de varias campañas.
Las condiciones naturales de Balsa Las Perlas son favorables. Utilizan agua del río Limay mediante una bomba compartida y, gracias a la calidad del suelo, logran un riego aproximado de una vez al mes durante la temporada. En contraste, en Plottier, el suelo arenoso requiere riegos más frecuentes.
Esta diferencia se refleja en la producción: en Las Perlas obtienen cerca de 18.000 kilos de materia seca por hectárea por temporada, mientras que en Plottier llega a aproximadamente 12.000. La capacidad de retención de humedad y la calidad del suelo rionegrino son determinantes para un mejor aprovechamiento de cada ciclo de cultivo.
Otro aspecto crucial ha sido la mecanización. Mientras dependían de terceros, el primer corte podía dilatarse hasta diciembre. Con la incorporación de sus propias máquinas, lograron adelantarlo a finales de octubre, lo que les permite realizar múltiples cortes y aumentos en el volumen final.
En la actualidad, poseen tractor, segadora, enrolladora, hileradora, rastra y niveladora láser, entre otros equipos. En la última temporada, realizaron hasta seis cortes y continúan expandiendo la superficie cultivada.
La mayor parte de su producción se comercializa en forma de rollos, destinados a centros hípicos, clubes, caballos de polo, pensiones equinas y criadores de ganado bovino y ovino. La alfalfa de La Pasto Verde se distribuye en diversos puntos de Neuquén y la Línea Sur de Río Negro, e incluso durante periodos de sequía, han tenido compradores en Buenos Aires y La Pampa.
Actualmente, el establecimiento cuenta con alrededor de 17 hectáreas cultivadas y su objetivo es alcanzar las 30. La pareja también ha añadido infraestructura para almacenar maquinaria y sigue ampliando su superficie cultivada año tras año.









