La audiencia se desarrolló mediante un juicio abreviado pleno, con énfasis en la sofisticación de los métodos utilizados para engañar a comercios de diversos sectores.
El juez Leonardo Feans validó el acuerdo entre las partes y emitió su sentencia contra los implicados, quienes formaron parte de una estructura organizada para perpetrar estafas en detrimento de tres empresas. Los representantes legales de las compañías afectadas, dedicadas a la comercialización de productos de seguridad industrial, lubricantes y artículos para el hogar, expresaron su conformidad con la decisión judicial.
Durante el proceso se evidenció el modus operandi del grupo, liderado por Héctor Rubén Jiménez y Juan Carlos Sacarías, quienes contaban con una distribución de tareas bien marcada. Ambos fueron condenados a cinco años de prisión efectiva como coautores de asociación ilícita, ocupando roles de jefes u organizadores, así como por los delitos de estafa. Esta resolución se sustentó en las pruebas obtenidas que mostraron una planificación metódica de los delitos.
Además de las penas impuestas a los organizadores, según trascendió, el juez sentenció a tres años de prisión condicional a Cristian Ignacio Illescas, Fabricio Isaías Sacarías Galindo y Marcos Damián Ruiz, reconocidos como coautores de asociación ilícita en calidad de miembros y estafas.
Emanuel Nolberto Álvarez, en cambio, recibió una pena de un año de prisión condicional por el delito de estafa, mientras que el Ministerio Público Fiscal solicitó y logró el sobreseimiento de Leandro Nicolás Lozano.
La Fiscalía también solicitó el decomiso de los bienes que fueron incautados durante la investigación, medida que fue aceptada por el tribunal. Tanto la Fiscalía como las defensas decidieron renunciar a los plazos legales para apelar la sentencia, lo cual otorga una firmeza inmediata a la resolución.
La investigación revela que entre septiembre de 2022 y abril de 2023, la organización se dedicó a visitar comercios, simulando tener solvencia económica, para adquirir productos con montos millonarios. Utilizando cheques electrónicos emitidos desde cuentas sin fondos, eran plenamente conscientes de que estos no serían acreditados. Esta estrategia permitió a los condenados obtener mercancía sin un respaldo financiero sólido, causando un impacto económico significativo en las empresas afectadas.
El trabajo de la UDEC se inició a raíz de denuncias de las empresas perjudicadas. Los investigadores señalaron que los líderes de la banda reclutaban a jóvenes sin antecedentes financieros negativos, a quienes ofrecían recompensas a cambio de abrir cuentas bancarias y gestionar chequeras electrónicas. Posteriormente, estos jóvenes realizaban compras de alta gama utilizando los cheques de las cuentas abiertas a su nombre.
Los fondos provenientes de estas operaciones eran transferidos a cuentas de los organizadores o a personas relacionadas con ellos. El cruce de información permitió a la Fiscalía concluir que todos los delitos se enmarcaban dentro de un mismo patrón delictivo y eran ejecutados por los mismos sujetos.
Entre las evidencias más relevantes se encuentran registros de movimientos bancarios, comunicaciones entre los involucrados y documentación relacionada con la apertura de cuentas y la emisión de cheques. Un análisis exhaustivo de esos elementos resultó fundamental para demostrar la configuración de una asociación ilícita, con roles claramente definidos entre los organizadores y quienes ejecutaban las fraudulentas actividades.
La sentencia dictada por el juez Feans subraya la necesidad de una respuesta judicial ante el uso de herramientas digitales para la realización de delitos económicos complejos.









