Afirmando que los sueldos están dejando de perder terreno, el análisis señala que en abril el índice de salarios privados experimentó un aumento del 4% mensual, lo que se tradujo en una mejora real del 1,4%.
Este incremento no es un dato aislado. Para la Fundación Capital, el segundo trimestre de 2026 concluyó con un aumento salarial promedio del 2,4% mensual, ligeramente superior a una inflación proyectada del 2,2%.
Esta tendencia se atribuye a la culminación de convenios paritarios que, aunque moderados, lograron sobrepasar el índice de precios al consumidor (IPC). Entre los gremios con mayores aumentos en el trimestre se encuentran el de Químicos, con un 9,4% centrado en abril, y el de SMATA, con un incremento del 5%.
No obstante, el informe advierte que, pese a esta mejora en el escenario salarial, la capacidad de compra de los trabajadores se encuentra todavía un 3% por debajo de los niveles registrados a finales de 2025.
Un aspecto crítico del informe es que la mejora nominal en los salarios no se traduce directamente en un aumento del consumo, ya que el factor determinante es el Ingreso Disponible. Mientras los salarios crecieron un 29,7% interanual hasta mayo, las tarifas de servicios públicos en el área metropolitana de Buenos Aires se dispararon, con el gas y la electricidad aumentando un 55% interanual y el transporte un 49% interanual.
Esto ha generado un cambio estructural en los presupuestos de las familias argentinas. La mejora en los salarios se da en un contexto laboral complicado que actúa como limitante para las negociaciones paritarias. El informe revela que el mercado laboral se encuentra “débil”: se han perdido 216.000 empleos en el sector privado registrado desde el cambio de gestión.
Además, el avance de la informalidad ya afecta al 44,2% de los ocupados. Esta dualidad explica por qué, a pesar de que el trabajador registrado “deja de perder” frente a la inflación, la demanda interna de consumo masivo no logra despegar y presenta un dinamismo “restringido”.
De cara al futuro, la consultora anticipa que los acuerdos salariales para el bimestre de julio-agosto rondarán el 2,3% mensual. Si la inflación continúa en un camino descendente, el salario real podría terminar el año con una mejora adicional, aunque se estima que cerrará un 2% por debajo de los niveles de diciembre del año anterior.
Para los inversores y empresarios, la conclusión es evidente: aunque el consumo masivo podría beneficiarse de la mejora salarial, estará condicionado por los ajustes en los precios relativos (tarifas), que aún tienen margen para incrementarse, especialmente en sectores que siguen recibiendo subsidios energéticos.









