La semana pasada, junto a los niños, emprendieron un viaje hacia Pilar, Buenos Aires, donde continuará la historia de amor que comenzó a más de mil kilómetros de distancia a través de videollamadas y que culminó en una guarda con fines de adopción.
La jueza de la Familia 3, Elizabeth Kiczka, dedicó más de nueve meses y organizó dos convocatorias nacionales para encontrar una familia adecuada para estos hermanos, que tienen entre dos y 13 años. Su deseo era mantener su unidad y seguir creciendo juntos.
El último intento tuvo lugar hace poco más de un mes, en el que se implementó una nueva estrategia: el juzgado habilitó un número de teléfono para que los interesados pudieran comunicarse directamente. Esta vez, fueron 270 las personas que respondieron a la convocatoria, pero los futuros adoptantes se adelantaron y completaron los trámites necesarios para iniciar el proceso de vinculación a distancia.
La jueza se dio cuenta de que esta pareja era la indicada cuando ellos solicitaron que ya no se entrevistara a otros postulantes: “porque ya los sentimos como nuestros hijos”.
“Realizamos un trabajo exhaustivo para perfilar a los posibles candidatos, y esta pareja no solo mostró un gran interés, sino que también cumplía con las condiciones necesarias: son jóvenes, no tienen hijos y están en condiciones de afrontar los gastos que implica adoptar a seis hermanos”, explicó la magistrada.
La vivienda de la pareja también fue un aspecto importante a considerar. Kiczka destacó que residen en una casa amplia con espacios verdes y áreas de juegos, además de canchas para que los niños puedan practicar deportes.
Hace poco más de dos años, los niños fueron separados de su familia biológica por una intervención del Ministerio de Desarrollo Social. Sin familiares que pudieran asumir su responsabilidad, cinco de ellos fueron colocados en hogares distintos, mientras que el más pequeño, que apenas tenía unos meses, fue acogido por una familia temporal.
Recuerda la jueza que en su primera reunión, la hermana mayor le preguntó por qué habían separado al bebé de sus brazos y prometió que haría lo posible por reunirlos nuevamente, iniciando así las gestiones para que todos pudieran vivir juntos en un solo hogar.
Los hermanos fueron trasladados al Hogar “Norberto Fernando Haase”, en Leandro N. Alem. Desde entonces, el desafío fue encontrar un hogar donde pudieran experimentar el amor familiar que les había sido arrebatado. La hermana mayor dejó en claro que no querían ser separados nuevamente.
A mediados del año pasado, se llevó a cabo una primera convocatoria pública, ya que ninguno de los inscriptos en los registros de Aspirantes a la Adopción había mostrado interés en un grupo numeroso de hermanos.
En marzo de este año, la pareja comenzó los trámites en Buenos Aires para asistir a la convocatoria; sin embargo, la burocracia frenó su avance, postergando nuevamente su sueño de formar una familia.
En la segunda convocatoria, la pareja se comunicó directamente con el juzgado, donde recibieron orientación y, en pocas semanas, pudieron completar todos los trámites requeridos.
El primer contacto entre los futuros padres y los seis hermanos se llevó a cabo a través de videollamadas. Con un vinculo que fue creciendo rápidamente, los adoptantes viajaron a Misiones y convivieron en el hogar con los niños durante casi una semana.
“Cuando vinieron para la audiencia, ya los llamaban papá y mamá. Nos preguntaban constantemente ‘¿cuándo nos vamos?’, ‘queremos irnos’, lo cual fue muy conmovedor para todos en el Juzgado”, recordó la jueza.
“Una dulce despedida para un feliz comienzo”. Así se despidieron los six hermanos del juzgado, donde los esperaban nuevos abuelos y numerosos primos en Buenos Aires.









