—¿Se implementarán programas del Banco Mundial para impulsar sectores como la energía y la minería?
—El desafío ahora es transformar estos logros fiscales y de estabilización en un motor de crecimiento. Creo que el Gobierno está completamente enfocado en este reto. El Banco, con su estrategia —una planificación de ocho años para apoyar a Argentina en su trayectoria de crecimiento— busca fomentar y catalizar esta conversión de la estabilización en una transformación económica.
—A pesar de las correcciones mencionadas, persisten cuellos de botella, déficit de infraestructura y pobreza infantil. ¿Cómo se generará crecimiento privado?
—La estrategia se sostiene en tres pilares: mejorar el marco regulatorio para optimizar el ambiente de negocios y atraer inversión privada. La reciente garantía aprobada incluye un robusto conjunto de políticas y marcos regulatorios que conforman el primer eje. El segundo eje aborda la infraestructura, no solo en términos de conectividad, como transporte y puertos, sino también el capital humano, que abarca educación y salud.
El presidente Milei enfatizó la relevancia del capital humano como un eje fundamental de su agenda, reflejando la necesidad de elevar las calificaciones de la población para acceder a nuevas oportunidades en sectores tanto intensivos en capital como en mano de obra, como la minería y la energía.
El Banco Mundial apoya esta transformación económica de manera estructural. El tercer eje involucra atraer sector privado e inversión, lo que es transversal e incluye la profundización de los mercados de capitales y mayores oportunidades de crédito para pequeñas y medianas empresas.
—¿Cómo fue el encuentro con Milei? ¿Lo conocía de antes?
—La reunión con el presidente Milei fue excepcional. Fue un hito en mi carrera profesional escuchar a un pensador global. Nos compartió una perspectiva integral sobre el crecimiento macroeconómico y todas sus fases. Discutimos los esfuerzos y resultados, que son muy convincentes, de una economía que ha domado la inflación, reducido el déficit a cero y mantuvo una disciplina excepcional, aún ante las presiones para aumentar el gasto.
Hablamos de la macroeconomía y también de la importancia del capital humano y las habilidades necesarias para que la población acceda a empleos. Esta lógica de mercado es distintiva: en otros países emergentes, el impulso proviene de la oferta, mientras que aquí el presidente lo está dirigiendo desde la demanda.
Las empresas están capacitando de manera alineada a sus necesidades. El rol del Estado en esto está íntimamente relacionado con la agenda de crecimiento y empleo del Banco Mundial, donde el empleo es la principal forma de dignidad para los individuos. Implementar esto con un enfoque de mercado es notable y generará beneficios para toda la sociedad.
—Argentina ha mostrado un modelo de crecimiento centrado en sectores como agro, petróleo y minería, con una caída en la producción industrial. ¿Les preocupa la desigualdad en el ritmo de crecimiento, han abordado esto con el presidente?
—Observamos una estrategia de crecimiento que ya está dando frutos y resultados. Detectamos la ambición del modelo económico y la transición de sectores intensivos en capital hacia aquellos que requieren más mano de obra. El objetivo primario es lograr crecimiento económico. La disciplina del gobierno no solo es fiscal y macroeconómica, sino también en su enfoque teórico para garantizar el funcionamiento del motor económico. Con el motor operativo, todo avanza junto. No identificamos riesgos, sino una ambición que apoyamos.
Además, notamos numerosos incentivos para atraer inversión privada en sectores tanto tradicionales como innovadores. La iniciativa RIGI, por ejemplo, representa un esfuerzo emblemático para atraer tecnología de vanguardia a la economía argentina, priorizando la estabilidad y previsibilidad que buscan los inversionistas.
—¿Cómo se estructura el esquema de garantías para la deuda y cuándo surgió la idea de este mecanismo de financiamiento para Argentina?
—Es complejo determinar el nacimiento de una idea, pero surgió de un diálogo con el Gobierno y otras entidades multilaterales como el BID, el FMI y MIGA, parte del Grupo Banco Mundial. Los funcionarios buscaban tasas más accesibles y efectivas. Demostraron la calidad de su programa, las reformas implementadas y su ambición. Esto se tradujo en un producto de garantía, inicialmente con el BIRF y luego con MIGA, y se estableció una estructura combinada para ayudar al Gobierno en este momento de necesidad de liquidez. La garantía actúa como un puente para que puedan acceder al mercado a tasas más competitivas.
Lo que estamos haciendo es ampliar el camino para que el Gobierno continúe con su enfoque en las reformas, mientras resuelve la situación de liquidez y accede a los mercados de manera más competitiva. Este enfoque innovador permite al Gobierno acceder a los mercados de un modo alternativo y no por las vías tradicionales. Acceder a los mercados se facilitará cuando sea más competitivo.
—¿Qué sigue ahora? ¿Cuándo llegarán los desembolsos de los bancos a Argentina con estos créditos garantizados?
—El Gobierno se ocupa de esa parte, no nosotros, negociando con los bancos que considere necesarios.
—¿Hay una hoja de ruta sobre cuándo se logrará el acceso al mercado?
—Los funcionarios tienen un amplio conocimiento del mercado y experiencia. Ellos están mejor calificados para determinar el momento adecuado.
—El próximo año habrá elecciones. ¿Esto afectará si Milei no continúa? ¿Consideran que la oposición tomará temas como el orden fiscal?
—La estrategia abarca ocho años. Se extiende a tres gobiernos. Trabajamos para impulsar reformas que fomenten un buen desarrollo. La intención es apoyar estas reformas ambiciosas que constituyen proyectos de país. Los resultados que se están logrando hablarán por sí mismos.
—¿Qué otras reformas necesita encarar Argentina en los próximos años?
—El Gobierno sigue una trayectoria excelente y mantiene el enfoque correcto en la estabilidad fiscal y macroeconómica, además de respetar la disciplina en estos aspectos. Este es un elemento central. En ocasiones anteriores, la consolidación fiscal no iba acompañada de la preocupación social que existe ahora. Estamos observando un compromiso fiscal que también incluye conciencia social, especialmente en torno a subsidios energéticos. Hay resultados positivos en los índices de pobreza. Aún queda mucho por hacer, pero ya se están viendo avances.
De cara al futuro, es clave continuar atrayendo sectores de crecimiento como minería y energía, asegurando la infraestructura necesaria, pero aplicando esta lógica de mercado para capturar inversión privada. También se debe tener en cuenta la generación de empleo en esos sectores, que son más intensivos en mano de obra, así como en áreas tecnológicas de vanguardia, con incentivos concretos y atractivos. Necesitamos fomentar negocios en esa dirección.









