“Lo que pasó fue una tragedia, un desastre. Estamos destruidos, rezo todos los días de mi vida, pido a Dios y me acuerdo de todos y pido por todos los familiares, por cada uno, mi familia también”, confesó Cavanagh. Luego, en un momento de profunda angustia, añadió: “Va a ser toda la vida esto. A todos nos rompió, nos rompió… me quiero morir”.
El próximo 25 de septiembre se conocerá la sentencia de este caso, que presenta una curiosidad: dos fiscales, que previamente trabajaron juntos en el juicio por el homicidio de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell, se encuentran nuevamente enfrascados en este proceso, donde ocho rugbiers fueron condenados, cinco a prisión perpetua y tres a 15 años.
Juan Manuel Dávila, en su rol de querellante, ha solicitado una pena de cinco años de prisión efectiva para Cavanagh, lo que representa un año menos que lo que pidió el abogado querellante Juan Tiberio, perteneciente al estudio de Fernando Burlando. Además, se exige una inhabilitación de diez años para conducir vehículos.
Cavanagh enfrenta cargos por “homicidio culposo agravado por la conducción imprudente de vehículo con motor y por la multiplicidad de víctimas”. De acuerdo con el Código Penal, la pena establecida para este tipo de delito oscila entre 3 a 6 años de prisión y de 5 a 10 años de inhabilitación para manejar.
El otro fiscal que participó en el juicio por el caso de Báez Sosa, Gustavo García, ahora defiende a Cavanagh, junto con sus colegas Facundo Nimer Echave y Federico Larruy. La defensa solicitó la absolución de su cliente o, en su defecto, la aplicación del principio de duda a su favor, argumentando que el mal estado de la ruta 29, combinado con las intensas lluvias del momento, provocó que la Toyota SW4 de Cavanagh sufriera aquaplaning y se cruzara de carril, colisionando así con el Clio.
Este juicio se llevó a cabo en dos audiencias, celebradas el 16 y 17 de septiembre. Durante el proceso, los familiares de las víctimas no se dirigieron al acusado, a pesar de que Cavanagh temía ser confrontado.
Se discutió extensamente la velocidad a la que circulaba la camioneta 4×4, que transportaba a los dos hijos menores de Cavanagh. Los peritos de ambas partes no lograron determinarla con precisión. Por su parte, los familiares de los fallecidos, que viajaban en tres vehículos rumbo a un cumpleaños en Ayacucho, estimaron que Cavanagh iba a una velocidad de entre 140 y 180 kilómetros por hora.
El impacto del choque fue tan fuerte que desplazó el Clio hacia atrás entre 20 y 30 metros. Las cinco personas que estaban en el auto, incluyendo a dos niños de 4 y 2 años, fallecieron al instante debido a traumatismos craneoencefálicos severos, como consecuencia de la fractura de la base del cráneo.
La camioneta 4×4 de Cavanagh, que literalmente pasó por encima del auto, detuvo su marcha aproximadamente a cien metros del lugar del impacto. Un detalle que llamó la atención es que el productor agropecuario nunca se acercó para verificar el estado de las víctimas tras el accidente.
En el trágico siniestro, registrado en el kilómetro 103 de la ruta 29, perdieron la vida Guillermo Sebastián Martínez, de 36 años; su pareja, Ruth de los Ángeles Figueroa, de 29; el hijo de ambos, Felipe Giuliano Martínez, de 2; la hija de la mujer, Agustina Lucila Meza, de 4; y Cristian Adrián Onieva, de 46 años.
“Yo miré a la pared, no me interesa escuchar nada de él, porque no le creo su supuesto dolor. Al resto de las familias les cayó muy mal. Salieron enojadas y afectadas. Tengo demasiado enojo y no me interesa nada de lo que sienta o le pase”, expresó un allegado a las víctimas que asistió a la audiencia donde Cavanagh, entre lágrimas, pidió perdón.
En el momento del accidente, Cavanagh regresaba de un campo en Ayacucho. Sus defensores se apoyaron en un informe de un perito que documentó cómo la acumulación de agua en la ruta y sus características podrían haber generado aquaplaning, así como las marcas y ondulaciones laterales de la vía.
Según sus argumentaciones, el carril por el que circulaba Cavanagh presentaba huellas de entre 11 y 12 centímetros de profundidad, resultado del pesado tránsito de camiones que trasladaban piedra o ganado. Esto contrasta con el carril opuesto, que mostraba una deformación de solo tres centímetros.
“De la prueba no quedó acreditado que haya existido una conducta imprudente, negligente ni que haya habido una violación al objeto de cuidado. El hecho fue producto de un caso fortuito o de fuerza mayor que generó la pérdida de control del vehículo en el que circulaba Cavanagh”, sentenció García.
“El señor Cavanagh se topó con esta situación imprevisible, desgraciada, traumática, terrible”, resumió.
Por su parte, Tiberio advirtió que, en su opinión, “no los mató el clima, sino la imprudencia”. Asimismo, resaltó que “está demostrado por la velocidad a la que circulaba la camioneta y por las multas o los antecedentes de tránsito que tenía Cavanagh”, quien acumulaba 14 infracciones, que incluían excesos de velocidad, evasión de peajes en la autopista Illia y un incidente en el que viajaba con uno de sus hijos parado en el asiento delantero de su camioneta en la Avenida Del Libertador al 2400, en Palermo.









