El liberalismo se fundamenta en la valoración de la autonomía personal. Sin embargo, este respeto no es absoluto, ya que los individuos deben ceder una parte de su libertad para crear una estructura que gestione la convivencia social. Esta estructura es el Estado. Para prevenir que esta entidad se vuelva opresiva hacia quienes le confieren su poder, se establecen dos instituciones que deben operar de manera independiente: la Justicia y la prensa.
Por esta razón, cualquier intento de concentración de poder en manos de un líder está destinado a, eventualmente, colisionar con el Poder Judicial y con los medios de comunicación. Esta inclinación a desafiar los límites es intrínseca al populismo. Ya sea bajo una forma de populismo estatal o privatista, todas las variantes comparten la misma tentación autoritaria.
Javier Milei se encuentra en medio de esta contradicción. La reciente demostración ocurrió en la Cámara de Diputados, donde respaldó al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, actualmente investigado por enriquecimiento ilícito. Milei presentó a todo su gabinete en el recinto, actuando como un líder de una tribu que desafía tanto la labor de jueces y fiscales como la de la prensa. Este conflicto no resulta sorprendente. Como ha afirmado en numerosas ocasiones Santiago Caputo en redes sociales, el oficialismo no se ve a sí mismo como un movimiento liberal, puesto que renuncia de inmediato al pluralismo. Sus líderes no entienden la política como un diálogo entre sectores con diferentes perspectivas, sino como un ámbito de confrontación entre amigos y enemigos. Milei continuamente refleja esta mentalidad, considerándose él mismo un defensor de la verdad absoluta, donde la oposición es vista como una inferioridad intelectual o una perversión moral. Esta forma de entender el debate puede ser engañosa; la tendencia autoritaria de Milei se manifiesta bajo el lema “viva la libertad, carajo”, que identifica a su partido, La Libertad Avanza.
En una práctica reciente que ilustra esta filosofía, el Presidente respondió a los periodistas que cuestionaban su apoyo a Adorni llamándolos “corruptos” y exclamando “chorros” cuando se mencionaban los argumentos del jefe de Gabinete. Estas actitudes están empezando a definir la imagen de Milei como líder en el ámbito internacional, lo que constituye un desafío para el entusiasta Pablo Quirno. Por ejemplo, el pasado lunes, durante la celebración del cumpleaños del rey de los Países Bajos, el embajador Mauritz Verheijden defendió la libertad de prensa, dejando claro a qué se refería. En el contexto de la relación con los Países Bajos, es notable que el Gobierno aún no ha designado a un representante en Ámsterdam, a pesar de que la reina Máxima es argentina.









