Un equipo de reporte recorrió la plaza y recopiló las voces de quienes se unieron a esta movilización en defensa de la universidad pública.
Candela, de 17 años y alumna de quinto año en la ESEA N°1 de Hurlingham, una institución especializada en artes con enfoque en teatro, también asiste a clases de inglés gratuitas en el EUDY, la extensión universitaria de la Universidad de Hurlingham, desde los 11 años. “Esta semana no teníamos papel higiénico en mi secundaria porque la gente no puede cubrir los costos de la cooperadora. Porque realmente no hay dinero”, expresó. Adicionalmente, manifestó su preocupación ante la pérdida de profesores y materias: “Veo cómo año tras año van cayendo. Veo cómo peligra poder tener una educación pública”. Cuando se le preguntó sobre su acceso futuro a la universidad, fue contundente: “Yo quiero una universidad a la que podamos llegar. Quiero un futuro”.
Estudiantes de Biología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA llegaron caminando desde la facultad hasta la Plaza de Mayo, a un año de graduarse tras seis años de estudios. Afirmaron que la disminución de recursos ha sido un proceso gradual pero imparable. “En 2023 comenzamos con ímpetu, pero luego la situación se deterioró. Hay cada vez menos dinero, menos insumos, y salarios menores para docentes y ayudantes”, comentó una de ellas. Uno de los puntos críticos que señalaron fue el uso de reactivos de laboratorio vencidos: “Con lo que trabajamos, ya está fuera de fecha. Si están vencidos, los experimentos dan mal, no por error humano, sino porque no se puede trabajar con algo en mal estado”.
Mencionaron que actualmente están reciclando plásticos que deberían ser desechados, esterilizándolos para seguir utilizándolos en las prácticas. “Se habla de miles de dólares que antes se destinaban a un proyecto y que ahora no se pueden usar. Estamos reciclando algo que tendría que ser financiado adecuadamente”, enfatizaron. También remarcaban la falta de becas doctorales y advirtieron sobre “una fuga enorme de cerebros” en la facultad.
Una psicóloga residente en salud pública compartió su historia con la voz entrecortada: “Mi padre es camionero. Mi madre estudió de adulta. Gracias a la universidad, soy la primera generación universitaria de mi familia”. La profesional relató que trabaja ad honorem para la UBA y también en atención primaria de la salud en Merlo. “El deseo de apoyar a la universidad pública que tanto nos ha dado es lo que nos trae aquí. Eso es lo que nos lleva a trabajar todos los días por ello”.
Otra profesional graduada de la UBA y residente de Psicología en Salud Pública afirmó que “el país se organiza con profesionales que hoy no cuentan con la formación necesaria debido a la falta de recursos, a que los docentes reciben sueldos indignos y a las condiciones inadecuadas en las universidades”. Además, denunció que en mayo, el Gobierno nacional recortó 63.000 millones de pesos del presupuesto de Salud de la provincia de Buenos Aires. “Atendemos a la clase trabajadora y si no contamos con los recursos, no tenemos condiciones de vida dignas. Sin educación y sin salud, carecemos de las dos condiciones básicas para la existencia”.
Una maestra de educación primaria, que asistió con su sindicato y compañeras del sector de discapacidad, expresó su motivo para sumarse a la marcha: “Hace meses que no se cumple la Ley de Financiamiento Universitario. Nos vemos obligados a estar aquí”. Y agregó: “Estamos presentes con un objetivo común, que el dinero vaya hacia las universidades, hacia las escuelas públicas, hacia nuestros estudiantes que están sufriendo y pasan hambre”. Por último, una estudiante de 19 años de la Universidad Nacional de las Artes indicó lo que sus profesores comentan a diario: “Ganan menos que trabajando en un comercio cualquiera. Todos están en lucha y resistiendo para seguir dando clases”.









