Entre mayo y septiembre se registraron cortes de gas que interrumpieron el funcionamiento de las instalaciones. Aunque ambas plantas retomaron recientemente su actividad normal, la empresa inició acciones judiciales para reclamar que los proveedores aseguren la continuidad del suministro y evitar nuevas interrupciones.
Según explicó la compañía, los cortes se produjeron de manera imprevista y obligaron a detener las máquinas en forma intermitente. La situación generó demoras en las entregas y, como consecuencia, también en el ingreso de fondos por cobranzas. Al mismo tiempo, el costo de la energía aumentó de manera significativa y llegó a multiplicarse casi por cinco.
Las restricciones se produjeron durante los meses de mayor demanda de gas, cuando se priorizó el abastecimiento de hogares y servicios esenciales como hospitales y escuelas. A esto se sumó una menor capacidad de transporte del fluido, que derivó en limitaciones para las grandes industrias.
Frente a la menor disponibilidad de gas natural, las empresas industriales pueden recurrir al mercado mayorista o adquirir gas natural licuado importado, aunque con costos superiores a los del gas local. En el caso de Celulosa Argentina, el volumen asignado no alcanzó para cubrir las necesidades de su complejo industrial, lo que redujo la posibilidad de mantener períodos prolongados de producción continua.
Otra alternativa, el uso de fuel oil, quedó limitada por la capacidad de almacenamiento disponible en las instalaciones. A esto se agregó el aumento del precio de los combustibles alternativos en el contexto del conflicto bélico registrado en el Golfo Pérsico. La compañía señaló que esos costos llegaron a duplicar los valores de algunos meses atrás y a quintuplicar el precio del gas natural.
Los problemas energéticos se suman a una situación financiera que la empresa arrastra desde 2024. En septiembre del año pasado ingresó en concurso preventivo, mientras que sus entonces controlantes, Douglas Albrecht, Juan Collado y José Urtubey, transfirieron sus acciones a Esteban Nofal por un valor simbólico de u$s 1.
Nofal asumió la gestión y se comprometió a aportar u$s 18 millones para la recuperación de la compañía. Hasta el momento, según la información disponible, se desembolsaron u$s 15,3 millones. Ese aporte permitió que las plantas de Capitán Bermúdez y Zárate retomaran su actividad entre octubre y noviembre de 2025, después de permanecer tres meses detenidas.
Sin embargo, las nuevas interrupciones volvieron a poner en riesgo la continuidad productiva. En su último balance presentado ante la Comisión Nacional de Valores, correspondiente al período cerrado el 31 de mayo, la empresa ya había advertido sobre las dificultades para garantizar el suministro de gas y sus posibles consecuencias sobre las operaciones.
Los resultados económicos reflejan además el deterioro de la actividad. Celulosa Argentina registró pérdidas por $127.393,6 millones y sus ventas cayeron un 51% interanual, hasta alcanzar $135.964,4 millones. La compañía atribuyó el desempeño a una menor demanda, una fuerte presión competitiva y las dificultades para acceder a financiamiento, factores que también restringen su capacidad para recomponer la liquidez.
La situación de su filial Forestadora Tapebicua agrega otro frente de preocupación. La empresa se encuentra en concurso preventivo desde comienzos de este año y mantiene paralizada su actividad industrial desde agosto de 2025. Hasta el momento no consiguió financiamiento para retomar la producción.
Como consecuencia de esa paralización, Forestadora Tapebicua registró una caída del 86% en sus ventas y pérdidas por $13.095,4 millones.
El escenario combina así problemas de abastecimiento energético, restricciones para acceder a financiamiento, caída de las ventas y pérdidas acumuladas, mientras Celulosa Argentina busca sostener la operación de sus principales plantas y avanzar con su proceso de reestructuración.









