La especialista subrayó que la salida no se limita a satisfacer las necesidades fisiológicas o a cubrir una distancia determinada. “Olfatear, detenerse, explorar y relacionarse son parte de su manera de comprender lo que sucede a su alrededor”, comentó. Concederle ese tiempo puede mejorar tanto la calidad del paseo como la relación entre el perro y su tutor.
Martínez sugirió que es fundamental planificar los paseos teniendo en cuenta las necesidades del perro, sin enfocarse únicamente en lo que sea más conveniente para el humano. Una caminata tranquila, en un ambiente natural y sin presiones, es lo más adecuado para que el animal explore y olfatee a su propio ritmo.
El vínculo entre perro y tutor se fortalece cuando el humano aprende a observar y respetar las necesidades del animal, en lugar de forzarle a vivir una experiencia desde la perspectiva del ser humano. “Un paseo puede cambiar radicalmente si el tutor se aparta del celular y presta atención a lo que hace su perro: a dónde se detiene, qué olorea, qué evita y qué le llama la atención”, indicó.
No se trata de dedicar horas al paseo, sino de brindar al menos diez minutos de atención auténtica, sin distracciones ni prisa. “Diez minutos de atención genuina, sin teléfono y sin apuros, pueden significar más que mucho tiempo compartido de manera dispersa”, enfatizó la veterinaria.
El olfato es una de las principales fuentes de información para los perros, lo que explica por qué suelen detenerse para olfatear cada pocos metros. “Pasear no es solo caminar o hacer ejercicio: también implica explorar, interpretar olores y procesar estímulos”, detalló Martínez.
La veterinaria advirtió que un paseo pausado, donde el perro pueda detenerse y explorar, resulta mucho más enriquecedor que uno rápido y extenso. “Privarlo de ese tiempo sería, de alguna manera, como llevarlo a una biblioteca y prohibirle abrir los libros”, sentenció.
La autora también indicó que llevar al perro a una terraza o a un evento no siempre garantiza que lo disfrute. Factores como el ruido, la multitud, el calor o espacios reducidos pueden generarle estrés. “Un perro puede acompañarnos a muchos lugares y, sin embargo, sentirse incómodo”, expuso.
La clave radica en observar su lenguaje corporal: jadeos excesivos, evitación, tensión, orejas hacia atrás, cola baja, pupilas dilatadas o intentos de esconderse son indicadores de que el animal no está a gusto. “Un plan atractivo para nosotros no siempre lo es para él”, resaltó la profesional.
Prestar atención al comportamiento del perro durante el paseo es esenciales para identificar cambios en su estado. Martínez recomendó observar si camina de manera diferente, si se fatiga más rápidamente, si presenta cojera, si evita subir bordillos o si pierde interés en explorar o jugar.
“Los animales suelen compensar o disimular el dolor. Si se presenta un cambio, por sutil que sea, es recomendable consultarlo con el equipo veterinario”, aconsejó la especialista.









