La expedición aérea ofreció la oportunidad de presenciar el eclipse desde lo alto, por encima de las nubes y gozar de una perspectiva privilegiada. Además de las impresionantes imágenes capturadas desde el exterior de la aeronave, se realizó una transmisión en vivo desde la cabina, brindando múltiples ángulos de este evento astronómico.
Científicos acompañaron el vuelo con el fin de llevar a cabo observaciones y verificar la simetría de la luz solar durante el fenómeno. Desde esa altitud, también fue posible observar cómo la sombra de la Luna se proyectaba sobre la Tierra, en contraste con la visión habitual desde el suelo.
“Es un momento único en la vida”, afirmaron algunos de los afortunados participantes de la expedición.
Carlos, el líder del grupo, comentó que alrededor de las 20.28 se esperaba el instante de la totalidad, cuando la Luna oculta completamente al Sol.
Previo a ese momento se presentan las conocidas perlas de Baily, destellos de luz generados por la irregularidad de la superficie lunar, que hacen que los últimos rayos solares atraviesen diferentes puntos.
A continuación, ocurre el espectacular anillo de diamantes, el último rayo de luz del Sol antes de que la Luna cubra por completo su superficie.
Luego, durante la totalidad, se vislumbra la corona solar, una capa de la atmósfera solar que generalmente no se puede observar sin filtros y que se torna visible únicamente durante un eclipse total. “Es un disfrute absoluto”, agregó Carlos.
Durante esos breves minutos de oscurecimiento, también se presentaba la oportunidad de observar fenómenos que suelen estar ocultos bajo la luz del día, como alguna estrella fugaz de la lluvia de meteoros Perseidas.
La expectativa fue particularmente intensa en España, donde no ocurría un eclipse solar total desde 1905. Según estimaciones, entre 17 y 22 millones de personas se prepararon para disfrutar del fenómeno, que se consolidó como uno de los eventos astronómicos más esperados del año.









